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Fecha:
Febrero 2026
No fueron invitados tres de los países más grandes y estratégicos de América Latina: México, Brasil y Colombia. Los tres gobernados por líderes vinculados al progresismo latinoamericano
Publicado en Notas principales
En Mérida los templos del centro histórico realizan el tradicional recorrido de las Siete Casas durante el Jueves Santo
Publicado en Turismo
Tras meses de insinuaciones, borradores filtrados y amagos desde Palacio Nacional, la iniciativa aterrizó por fin en San Lázaro
Publicado en Notas principales
Crece 22% tasa de sarampión en menores de un año: En un mes, la tasa de incidencia de casos confirmados de sarampión en niños menores de un año de edad por cada 100,000 habitantes aumentó 27.3% en el país al pasar de 47.96 a 61.06. "Con respecto a las defunciones se han confirmado 32 acumuladas en el 2025-2026; distribuidas en 9 estados: Chihuahua 21, Jalisco 3, Sonora, 1, Durango 2, Michoacán 1, Tlaxcala 1, Ciudad de México 1, Chiapas 1 y Guerrero 1"
Publicado en Estados
Jueves, 05 Marzo 2026 09:52

Aliento diario, jueves 5 de marzo

Aliento diario, jueves 5 de marzo
Nuestra determinación se manifiesta en nuestras acciones. Es más, la fortaleza de nuestra decisión se hace evidente en las cosas que somos capaces de lograr en un espacio limitado de tiempo.

Joyas del Corazón, jueves 5 de marzo
La vida tiene su tiempo límite, por eso es importante saber a qué nos consagraremos. ¿ Cultivar la personalidad de un ser humano, no es la tarea más noble y respetable ?
Publicado en Soka Gakkai
Este 4 de marzo el Partido Revolucionario Institucional cumple 97 años de haber sido fundado en 1929, cuando bajo el nombre de Partido Nacional Revolucionario comenzó la historia del partido que dominaría la vida pública
Publicado en Notas principales
Contagios de sarampión disminuyen en México: El Gobierno de México informó que los casos de sarampión disminuyeron en la última semana, al pasar de mil 200 a mil casos confirmados. Por entidad federativa, las vacunas aplicadas a personas de entre 12 y 49 años, ascienden a un millón 277 mil 753; en el Estado de México, un millón 17 mil 800; en Jalisco, 671 mil 370; en Veracruz, 636 mil 27; en Nuevo León, 630 mil 246; en Chiapas, 616 mil 120; en la Ciudad de México, 470 mil 238; en Puebla y Michoacán, 338 mil 556
Publicado en Estados
Miércoles, 04 Marzo 2026 08:14

Aliento diario, miércoles 4 de marzo

Aliento diario  miércoles 4 de marzo
Las pequeñas cosas son fundamentales. Un ínfimo acto de valor no deja de ser, en definitiva, un acto de valentía. 
Lo importante es la voluntad de dar un paso adelante.
 
Joyas del Corazón,  miércoles 4 de marzo
Lo importante no es compadecerse de alguien, sino comprenderlo. Cuando la persona siente que hay alguien que la comprende y que se preocupa por ella, logra extraer una fuerza extraordinaria para vivir y seguir superándose.
Publicado en Soka Gakkai
Miércoles, 04 Marzo 2026 08:14

Aliento diario, miércoles 4 de marzo

Aliento diario  miércoles 4 de marzo
Las pequeñas cosas son fundamentales. Un ínfimo acto de valor no deja de ser, en definitiva, un acto de valentía. 
Lo importante es la voluntad de dar un paso adelante.
 
Joyas del Corazón,  miércoles 4 de marzo
Lo importante no es compadecerse de alguien, sino comprenderlo. Cuando la persona siente que hay alguien que la comprende y que se preocupa por ella, logra extraer una fuerza extraordinaria para vivir y seguir superándose.
Publicado en Soka Gakkai
Cada primavera, Nueva Orleans se convierte en punto de encuentro para quienes viajan siguiendo la música
Publicado en Turismo

El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.