Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. 97 años después, al borde de la extinción. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

05 Mar 2026
142 veces
Desde San Lázaro. 97 años después, al borde de la extinción. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/PRI_Nacional

Este 4 de marzo el Partido Revolucionario Institucional cumple 97 años de haber sido fundado en 1929, cuando bajo el nombre de Partido Nacional Revolucionario comenzó la historia del partido que dominaría la vida pública de México durante siete décadas. Fue el 4 de marzo de 1929 cuando Plutarco Elías Calles impulsó la creación de una maquinaria política destinada a dar estabilidad al país posrevolucionario. Lo que nació como instrumento de cohesión terminó convertido en sinónimo de poder y, con el tiempo, de excesos.

Hoy, a casi un siglo de distancia, el otrora partidazo celebrará una sesión solemne en su sede nacional. Los tricolores se alistan para una ceremonia que, en otras épocas, habría paralizado la agenda política y convocado a gobernadores, líderes sindicales, sectores campesinos y representantes populares de todo el país. Esta vez, el acto se anticipa más como un ejercicio de nostalgia que como demostración de fuerza.

Está prevista la presencia —si la agenda lo permite— del gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas (con claroscuros en su gobierno) hoy por hoy el único mandatario estatal que milita en el PRI sin alianzas formales que diluyan el rojo, blanco y verde. El caso de Durango es distinto: Esteban Villegas Villarreal llegó al poder cobijado por una coalición donde también ondea el azul. En los hechos, el priismo puro gobierna una sola entidad, una realidad impensable hace apenas dos décadas.

La conmemoración número 97 encuentra al PRI en su momento más reducido en representación legislativa. En el Senado apenas suma 13 escaños; en la Cámara de Diputados, 37 curules. Números que contrastan brutalmente con aquellas legislaturas en las que la mayoría calificada era rutina y el trámite parlamentario dependía de la disciplina de bancada.

El problema no es únicamente cuantitativo, sino político. El PRI enfrenta una crisis de identidad que no ha logrado resolver desde la alternancia del año 2000. Tras el regreso fugaz al poder presidencial en 2012 y la posterior derrota de 2018, el partido no ha construido una narrativa convincente para las nuevas generaciones. La marca pesa más que sus propuestas, y el pasado se convierte en carga cuando el electorado demanda futuro.

De cara a los comicios intermedios de 2027, el panorama luce desalentador. Si las tendencias actuales se mantienen, su presencia en la Cámara baja podría reducirse todavía más. Y si prospera la reforma electoral impulsada desde Palacio Nacional, particularmente en el punto que plantea la eliminación de las diputaciones plurinominales, el golpe sería demoledor para partidos medianos y pequeños que dependen de esa vía para garantizar representación.

En ese escenario, figuras como Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional, enfrentarían mayores dificultades para mantenerse en el tablero político. Las listas plurinominales han sido históricamente el salvavidas de las dirigencias partidistas, el espacio donde se resguardan liderazgos cuestionados o se asegura presencia estratégica. Sin esa herramienta, el priismo tendría que competir en territorio abierto, distrito por distrito, con una estructura que ya no es la de antaño.

La sesión solemne, por tanto, tendrá más simbolismo que músculo. Se hablará de historia, de la construcción de instituciones, del México moderno que el PRI ayudó a edificar. No faltarán referencias al desarrollo estabilizador, a la expansión de la infraestructura, a la consolidación del Estado mexicano. Pero también, aunque sea en voz baja, pesarán los escándalos de corrupción, las derrotas electorales y la fuga constante de cuadros hacia otras fuerzas políticas.

En los pasillos de San Lázaro, el PRI ya no impone condiciones. Negocia, acompaña o se suma. Su capacidad de veto es limitada y su margen de maniobra depende, casi siempre, de lo que decidan sus aliados coyunturales. La bancada tricolor se mueve entre la disciplina histórica y la necesidad de sobrevivencia. Sabe que cada votación es también un mensaje hacia su base, una base que se ha reducido pero que aún conserva enclaves territoriales y lealtades locales.

Ahora son más protagonistas de escándalos que generadores de propuestas legislativas.

El aniversario 97 no es cualquier fecha. Es la antesala del centenario, esa cifra redonda que obliga a balances profundos. De aquí a 2029, el PRI tendrá que decidir si quiere llegar a los cien años como una fuerza testimonial o como un partido capaz de reinventarse. La historia demuestra que ha sabido transformarse —del PNR al PRM y luego al PRI—, pero el contexto actual es radicalmente distinto: competencia real, ciudadanía crítica y un ecosistema digital que no perdona.

La pregunta de fondo es si el priismo asumirá que su crisis es estructural y no solo coyuntural. Porque no se trata únicamente de liderazgos, sino de proyecto. Sin una propuesta clara frente a los grandes temas nacionales —seguridad, crecimiento económico, desigualdad, institucionalidad democrática— cualquier celebración corre el riesgo de convertirse en acto protocolario sin eco social.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.