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Fecha:
Marzo 2026
Miércoles, 15 Abril 2026 11:34

Aliento diario, miércoles 15 de abril

Aliento diario, miércoles 15 de abril
Tener amor compasivo significa experimentar las aflicciones de otros como si fueran propias, porque el deseo primordial de un buda es salvar del sufrimiento a los demás, se desvela pensando cómo lograrlo. Este sentimiento de amor solidario activa la sabiduría.

Joyas del corazón, miércoles 15 de abril
No importa si el andar es lento, la persona que avanza firmemente, paso a paso, en dirección hacia sus metas, es una auténtica triunfadora.
Publicado en Soka Gakkai
Pide Brugada que fans mundialistas estén vacunados contra sarampión: A 57 días de que la Ciudad de México reciba, por tercera ocasión, un Mundial de Futbol, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, sostuvo que pedirá a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) que las embajadas informen a los interesados en viajar para este evento que se vacunen contra sarampión
Publicado en Estados
La inflación al alza, déficit fiscal en aumento y decisiones con tintes populistas que acotan los alcances del presupuesto
Publicado en Notas principales
Antes, quizá, solo se producía vino para el consumo local. Hoy se invita a las personas a vivir toda una experiencia alrededor de la cata
Publicado en Turismo
Registra abril ya 80% más de lluvias: Tras un primer trimestre seco, abril inició muy llovedor y en sus primeros días ya casi duplicó su promedio histórico, al registrar 80 por ciento más. Y el panorama para los próximos días y meses pinta similar. El sitio especializado Meteored prevé lluvias para este fin de semana en el área metropolitana de Monterrey. Las lluvias iniciarían el sábado, cuando se prevé un acumulado de 3.7 milímetros, y serían más intensas el domingo, con 7.5 milímetros
Publicado en Estados
Martes, 14 Abril 2026 12:13

Aliento diario, martes 14 de abril

Aliento diario, martes 14 de abril
El corazón de una persona valiente desborda de jovialidad y vigor y solo con ese espíritu joven e intrépido se puede lograr un crecimiento dinámico.

Joyas del Corazón, martes 14 de abril
La verdadera educación es la que damos a nuestros hijos mediante el propio comportamiento. El resultado es óptimo sólo cuando la palabra va acompañada de la acción.
Publicado en Soka Gakkai
A diario se descubren fosas clandestinas. Cotidianamente se reportan nuevos casos. Niños, mujeres, jóvenes y adultos: la tragedia no distingue edad, género ni condición social
Publicado en Notas principales
Destaca que esta máxima instancia electoral, a propuesta de la magistrada Claudia Valle Aguilasocho, le dio la razón al Comité Técnico de Evaluación 
Publicado en Notas principales
La gobernadora Mara Lezama Espinosa realizó un recorrido de supervisión en la obra del nuevo Hospital General de Chetumal, proyecto que se construye a través del esquema IMSS-Bienestar
Publicado en Notas principales
Destacó que este importante encuentro cultural, en su edición número 28, se consolida como uno de los más relevantes del norte del país
Publicado en Cultura

El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.