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Fecha:
Noviembre 2025
Las reservaciones podrán realizarse directamente en cada restaurante o vía telefónica
Publicado en Turismo
Viernes, 19 Diciembre 2025 11:01

Aliento diario, viernes 19 de diciembre

Aliento diario, viernes 19 de diciembre
Los «tesoros del corazón» son las riquezas que cultivamos en nuestro interior. Se refieren a la clase de fortaleza que no puede ser abatida por ninguna tribulación; a la capacidad creativa de concretar una existencia plena, con alegría y vitalidad inagotables, esa es la fuente de la felicidad indestructible.

Joyas del Corazón, viernes 19 de diciembre
Un corazón lleno de gratitud es hermoso. Tener la grandeza de apreciar a las personas con quienes hemos venido relacionándonos enriquece y embellece nuestra propia vida.
Publicado en Soka Gakkai
El encuentro concluyó con el tradicional brindis que alienta, sella pactos y celebra como señal de confianza y unidad 
Publicado en Turismo
Si no fuera por los críticos del sistema, no habría instancia gubernamental  que descubriera la podredumbre que corroe los cimientos de la 4T
Publicado en Notas principales
La fórmula de igualdad y del populismo de la izquierda está más desgastada que unas botas de un jornalero
Publicado en Notas principales
México es uno de los mercados prioritarios para Perú. Entre enero y septiembre del 2025, el país recibió 81 mil 764 visitantes mexicanos
Publicado en Turismo
No solo  ignoran la voluntad presidencial, sino que a año y medio de las elecciones, se pitorrean de los electores potosinos y regios a quienes se les niega el valor de su voto 
Publicado en Notas principales
La petición del mandatario norteamericano es con un sentido de urgencia para recibir el pago en este mes de diciembre
Publicado en Notas principales
Lunes, 15 Diciembre 2025 13:22

Aliento diario, lunes 15 de diciembre

Aliento diario, lunes 15 de diciembre
Todos los fenómenos del universo existen en el contexto de una relación de mutuo sostén, que el Budismo denomina «origen dependiente». En este sentido, nada existe sin un significado; nada es en vano. El universo, a partir de crear una matriz de estos «hilos interdependientes», sostiene y nutre la vida -incluso la humana- sobre este planeta.

Joyas del Corazón, lunes 12 de diciembre
Escale primero la montaña que tiene enfrente; al subir la cuesta ejercita sus músculos, eso les permite aumentar la fuerza y la resistencia. Semejante entrenamiento lo capacitará para escalar montañas más elevadas, por eso, es menester persistir en el empeño. Cuando llegue a la cima, verá como se abren ante sus ojos nuevos horizontes.
Publicado en Soka Gakkai
Air Canada hace recuento del 2025, año marcado por importantes logros y momentos clave. Con agradecimiento por la lealtad de sus pasajeros
Publicado en Turismo

El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.