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Desde San Lázaro. Todo el tiempo contra la pared. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

16 Dic 2025
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Desde San Lázaro. Todo el tiempo contra la pared. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/USEmbassyMEX

La presión que ejerce Donald Trump a su contraparte mexicana sobre el Tratado de Aguas que está vigente desde 1944 y que obliga a nuestro país a enviar una cantidad determinada de vital líquido cada cinco años a Estados Unidos, es muy violenta con la amenaza de incremento a aranceles en un 5%, sin considerar que ese incumplimiento se debe a la extrema sequía que azota la frontera norte desde hace varios años, por lo que no es posible atender la petición en el corto plazo, ya que compromete al campo y a varias zonas metropolitanas del norte de México,  como en Nuevo León, Chihuahua y Tamaulipas, entre otras.

Y no es que se niegue a cubrir la cuota respectiva de agua, sino porque se carece de ella, por lo que la presidenta Sheinbaum pidió más tiempo para cumplir con el compromiso y para ello se llevan a cabo diversas reuniones entre ambos gobiernos.

La petición del mandatario norteamericano es con un sentido de urgencia para recibir el pago en este mes de diciembre y en caso de no hacerlo se impondrá un arancel del 5% a los productos mexicanos que se exporten a EU, lo que a todas luces es injusto y arbitrario.

En primera instancia para atenuar el problema,  se acordó la entrega de más de 249 millones de metros cúbicos de agua a la Unión Americana. La Secretaria de Relaciones exteriores informó que nuestro país no cometió ninguna violación en el Tratado de Aguas de 1994, y en cambio, hizo entregas adicionales.

El Tratado signado en 1944 entre ambas naciones establece la asignación de las aguas de los ríos Tijuana, Colorado y Bravo desde FortQuitman, Texas, hasta el Golfo de México, en donde se define la asignación de agua del río Bravo a los EU y del río Colorado a México.

El acuerdo de aguas ha funcionado bien durante 50 años como una herramienta para la resolución pacífica de problemas de gestión del agua transfronteriza, empero, desde finales del siglo XX, las entregas de agua por parte de nuestra país no han sido suficientes.

El caso es que si no es por una cosa es por otra, pero México está sujeto al castigo de aranceles, ya sea por los narcoterroristas, o por el gusano barrenador,  por el agua, el jitomate, el aluminio, el acero y todo aquello en donde pueda sacar raja política y económica el magnate inmobiliario.

Ante este golpeteo sistemático, Sheinbaum ha optado por la mesura y la prudencia, algunos le llaman miedo, pero lo cierto es que a veces es desesperante como traga sapos la doctora.

Las cartas que juega Trump para doblegar a la presidenta, tienen como comodín la información delicada que compromete a AMLO, familiares y algunos de sus colaboradores y gobernadores, porque, si no fuera el caso, no se explica la actitud pasiva y sumisa del gobierno de la 4T.

Desde luego, hay mucha culpa de parte del actual gobierno y de las gestiones anteriores pasando por AMLO, pero se debería tener una posición más digna y soberana ante los arranques trumpistas.

En el tema del Tratado de Aguas, se vislumbraba desde hace varios lustros que cada vez sería más difícil cumplir con el envió del líquido a Estados Unidos debido a la extrema sequía que azota el norte del país por el cambio climático, pero se ha hecho muy poco para buscar otras alternativas para generar agua en territorio nacional con las nuevas tecnologías para “sembrar” agua y desplazar de las cuencas del centro y sur del país esos excedentes que, como se observó en este año, fue de tan nivel que provocó inundaciones sin precedentes, tanto en Veracruz, Tabasco Chiapas, SLP, Puebla, Hidalgo, Querétaro, Estado de México y hasta en la capital del país.

En algunas regiones hay sequía y en otras, inundaciones, es un modelo mundial que se acentúa conforme pasan los años, sin embargo, mientras que en otros país se saca agua de las piedras y del desierto como ocurre en Israel, aquí, se deja todo a la deriva y a la benevolencia de la naturaleza.

Los gobiernos del PRI, PAN y Morena no han invertido en infraestructura para suministrar a las grandes zonas urbanas  y al campo del agua necesaria y suficiente, todo se  ha dejado de forma incierta y a que los propios campesinos y productores de alimentos se rasquen con sus propias uñas, sin embargo, ahora con la nueva Ley de Aguas en donde se le otorga al gobierno toda clase de potestades sobre derechos particulares y de comunidades agrícolas, pues se complica el escenario a futuro.

La bota de Trump no deja ni respirar al gobierno mexicano, veremos hasta cuando se libera esa presión.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.