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Entrega DIF Coahuila infraestructura para atención y prevención de adicciones Destacado

20 Abr 2026
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Entrega DIF Coahuila infraestructura para atención y prevención de adicciones Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/

Como parte del gran programa integral "Vive Libre Sin Drogas", en Torreón se inauguró el Centro "Es pa' vivir libre", y se fortalece la atención con la profesionalización de especialistas

En la ciudad de Torreón, el DIF Coahuila llevó a cabo la inauguración del Centro de Atención Integral de Adicciones “Es Pa’ Vivir Libre”, así como la entrega de certificados del Diplomado en Atención Integral de Adicciones, marcando un paso decisivo en el fortalecimiento de la atención a la prevención y atención de adicciones en la entidad.

En este marco, la presidenta honoraria del DIF Coahuila, Liliana Salinas Valdés, destacó la importancia de este tipo de acciones dentro de la actual administración estatal, como una suma de esfuerzos entre las diversas dependencias de la administración.

“Hoy reafirmamos nuestro compromiso con las familias coahuilenses. Este centro representa una nueva oportunidad para quienes buscan salir adelante. En la administración que encabeza el gobernador Manolo Jiménez Salinas, la atención a las adicciones es una prioridad, porque sabemos que detrás de cada historia hay una vida que merece ser reconstruida con dignidad y acompañamiento”, resaltó.

Estas acciones forman parte de la campaña “Vive Libre Sin Drogas”, estrategia integral que busca reducir significativamente el consumo de sustancias a través de cinco ejes, sensibilización, prevención, atención, profesionalización y reinserción social.

El nuevo centro brindará atención especializada a personas que enfrentan problemas relacionados con el consumo de sustancias o crisis emocionales, mediante servicios de atención psicológica, acompañamiento terapéutico y talleres formativos enfocados en la rehabilitación y el desarrollo personal.

Con un modelo de atención ambulatoria y enfoque biopsicosocial, este espacio permite a las y los usuarios avanzar en su proceso de recuperación, fortaleciendo habilidades para la vida y reconstruyendo su proyecto personal sin necesidad de hospitalización permanente.

Asimismo, se reconoció a las y los profesionales que concluyeron el Diplomado en Atención Integral de Adicciones, fortaleciendo así la capacidad institucional para brindar una atención más humana, especializada y efectiva en todo el estado.

Con estas acciones, el Gobierno del Estado de Coahuila continúa avanzando en la construcción de una sociedad más fuerte, empática y libre de adicciones.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.