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Ejercer el poder requiere entender al país y atreverse a imaginar uno mejor: magistrado presidente del TEPJF Gilberto Bátiz García Destacado

30 Mar 2026
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Ejercer el poder requiere entender al país y atreverse a imaginar uno mejor: magistrado presidente del TEPJF Gilberto Bátiz García Imagen tomada de: https://www.te.gob.mx/

El magistrado presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Gilberto Bátiz García, afirmó que ejercer el poder implica mucho más que tomar decisiones: exige comprender la realidad del país y tener la capacidad de imaginar un futuro mejor. Así lo expresó al encabezar el homenaje por el centenario del natalicio del poeta chiapaneco Jaime Sabines Gutiérrez.

Durante el evento realizado en el auditorio “José Luis de la Peza” de la Sala Superior, el magistrado presidente subrayó que la función jurisdiccional, particularmente en materia electoral, no debe limitarse a la aplicación de la norma, sino que requiere interpretar el contexto social para fortalecer la confianza ciudadana. “No se trata solo de resolver, sino también de explicar; no solo decidir, sino generar confianza”, enfatizó.

En su intervención, Bátiz García retomó la obra “Diario semanario y poemas en prosa” de Sabines como inspiración para reflexionar sobre el pasado proceso electoral extraordinario del Poder Judicial de la Federación. Destacó que el autor invita a observar la vida cotidiana sin reducirla a trámites o cifras, lo que —dijo— representa una lección valiosa para quienes participan en el sistema democrático.

Asimismo, señaló que la democracia trasciende los procedimientos formales, pues constituye una experiencia de convivencia social basada en valores compartidos. En ese sentido, destacó también la dimensión ética del pensamiento de Sabines, al recordar su postura sobre la libertad individual y el respeto a las ideas de los demás.

Por su parte, el magistrado del Tribunal Federal de Justicia Administrativa y sobrino del poeta, Julio Sabines Chesterking, evocó la historia familiar narrada por el escritor chiapaneco Eraclio Zepeda, sobre la llegada del padre y abuelos de Sabines a América desde Líbano, así como las dificultades que enfrentaron, experiencias que influyeron en la sensibilidad y profundidad de su obra.

Recordó también que, desde su infancia, Sabines estuvo expuesto a relatos clásicos como “Las mil y una noches”, “Simbad el marino” y “Aladino”, los cuales despertaron su vocación literaria y contribuyeron a consolidarlo como una de las voces más trascendentes de la poesía contemporánea, cuya obra hoy trasciende fronteras.

En su intervención, la periodista cultural Pilar Jiménez Trejo, autora del libro “Sabines. Apuntes biográficos”, compartió diversas anécdotas derivadas de sus conversaciones con el poeta, quien sostenía que el mayor reconocimiento a su trabajo sería que sus lectores lo releyeran y encontraran utilidad en sus textos, aspiración que —afirmó— se mantiene vigente.

Finalmente, el director general de Documentación del TEPJF, Agustín Millán Gómez, destacó la estrecha relación entre literatura y democracia, al señalar que la primera no solo refleja los valores democráticos, sino que también los impulsa mediante el fomento del pensamiento crítico, la empatía y la diversidad de voces.

Recordó que el Círculo de Lectura del TEPJF, creado el 13 de agosto de 2013, se ha consolidado como un espacio de diálogo e intercambio de ideas que contribuye al enriquecimiento cultural y social de sus participantes.

Con información de: https://www.te.gob.mx/

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.