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Desde San Lázaro. Brugada, la peor jefa de gobierno. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

15 Ene 2026
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Desde San Lázaro. Brugada, la peor jefa de gobierno. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/ClaraBrugadaM

Desde 1997 la izquierda gobierna en la capital del país y desde ese entonces se han sucedido una serie de personajes como titulares de la jefatura de gobierno de la CDMX, entre los que destacan;  Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador, Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera y Claudia Sheinbaum, quienes de una forma u otra cumplieron con la encomienda, sin embargo, al parecer ya se está acabando la inercia triunfadora de Morena con la gestión de Clarita Brugada a quien le ha quedado demasiado grande el cargo, lo que compromete el triunfo del oficialismo en las elecciones intermedias del próximo año.

Se acerca el mundial y la metrópoli padece las consecuencias de una gestión mediocre que se refleja en los altos niveles de inseguridad que alcanzó su vórtice con el asesinato de los dos colaboradores más cercanos de Brugada, Ximena Guzmán y  José Muñoz y que a ocho meses del artero crimen (20 de mayo 2025), no hay resultados para detener a los autores intelectuales y el esclarecimiento del móvil.

A plena luz del día y a unas cuadras de las oficinas de la titular de gobierno, sobre calzada de Tlalpan,  ambos funcionarios fueron acribillados por sicarios profesionales,  lo que puso en evidencia, primero, que si esto ocurrió a estos servidores públicos de alto nivel, pues que se espera a los ciudadano de a pie; y segundo, el mensaje del crimen organizado revela cuentas pendientes que no han sido cubiertas.

El cobro de piso asola a todas las colonias, tanto las populares como las de clase media y alta. Los malandros no se fijan en pequeñeces, ya que extorsionan al changarro de la esquina como al restaurante más fifí de Polanco o la Condesa.

Contar con la más numerosa corporación policiaca del país, no garantiza que los índices delincuenciales vayan a la baja, al contrario, van en aumento por los delitos que no se denuncian por el absoluto rechazo de las fiscalías que esgrimen cualquier pretexto para inhibir al ciudadano de presentarlas.

La novela del Castillo de Frank Kafka en donde se da cuenta de la terrible burocracia que prevalece en él, es cosa de niños comparada con lo que ocurre en los cuellos de botella que son las oficinas de la Fiscalía instaladas en las alcaldías, en las cuales puede ocurrir de todo, menos que se le brinde al ciudadano una justicia expedita, sobre todo cuando se carece de los recursos económicos para solventar los gastos y las mordidas.

Las principales arterias de la capirucha están intransitables, ya por los baches o por los carriles confinados para ciclistas y obras de relumbrón que entorpecen la vialidad. En las horas pico la capital se torna en un gigantesco estacionamiento en donde la movilidad de los automotores es a vuelta de rueda.

La benevolencia de la naturaleza, limpia a la ciudad de la polución ambiental y las lluvias llenan los embalses de las presas que surten del vital líquido a la urbe, porque las políticas públicas que se han diseñado e implementado para evitar la contaminación y la sequía, brillan por su ausencia y son un fracaso.

La CDMX está asentada sobre una bomba de tiempo en virtud de las placas tectónicas que la afectan y que a lo largo de la historia han provocado grandes terremotos como el de 1985 y el temblor de 2017, sin embargo, esto no es suficiente para frenar el crecimiento urbano desorbitado, desordenado y caótico.

El Metro es tan vulnerable que en cualquier momento nos amanecemos con la noticia de otro percance mortal como ocurrió el 3 de mayo de 2021 en la Línea 12, la Línea Dorada,  en los límites de Tláhuac e Iztapalapa, en donde, por desgracia fallecieron 26 personas.

La corrupción se enquista en las principales áreas del gobierno central y en varias alcaldías gobernadas por Morena y ello, seguramente, le pasará factura en los comicios del 2027.

La oposición en el Congreso capitalino ha denunciado en tribuna la mala gestión e ineptitud de Brugada, pero, al igual a lo que ocurre a nivel federal, se hacen como que la virgen les habla.

Si se hace el ejercicio de quitar los programas de asistencia social en la capital, esos que regalan dinero a los capitalinos,  quedaría al descubierto en toda su magnitud, la verdadera capacidad de gobernar que tiene la señora jefa de gobierno.

En más de una ocasión, la presidenta Sheinbaum ha tenido que entrar en acción para tapar las limitaciones y yerros de la ex titular de la alcaldía de Iztapalapa, como es el caso de acelerar los trabajos para tener una ciudad que de lustre a México con motivo del mundial de futbol que arranca en unos meses.

Los ojos del mundo estarán puestos el próximo 11 de junio en la inauguración de la gesta futbolera con cedes en la CDMX, Monterrey y Guadalajara y en donde además de la capacidad y habilidad de los futbolistas, se pondrá a prueba a Brugada, Samuel García y Pablo Lemus. 

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.