Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Por fin; Sheinbaum-Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

05 Dic 2025
201 veces
Desde San Lázaro. Por fin; Sheinbaum-Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com

Por fin llegó el anhelado encuentro entre Sheinbaum y Trump, aunque este será breve en el marco del sorteo de los equipos que participarán en el mundial de futbol a desarrollarse en México, Estados Unidos y Canadá, sin embargo, en esta primera reunión de “pasillo” entre ambos mandatarios, servirá, primero para conocerse personalmente y segundo, para establecer una agenda básica bilateral que contenga temas como el trasiego de drogas sintéticas, narcoterrorismo, migración, tratado comercial, contrabando de armas y otros tantos temas como el trato inhumano padecido contra los migrantes mexicanos legales e ilegales, por parte del temido  ICE, que más parece un escuadrón de la muerte, que un cuerpo de seguridad para detener a indocumentados.

Hoy se sabrá cuál es el trato real prodigado por el presidente norteamericano a su contraparte mexicana, porque una cosa serán los comunicados de ambas partes en torno al contenido de la reunión y en donde se privilegiará el respeto y la cordura; y otra muy diferente lo que se diga en corto, principalmente ante el grave señalamiento emitido por Donald Trump en el sentido de que los cárteles de la droga gobiernan en México.

La información privilegiada que deben tener los gringos producto de la información proporcionada por los Chapitos y por el Mayo Zambada ha puesto a temblar a altos personajes de la 4T que no solo han perdido la visa para ingresar a Estados Unidos, sino que ya están en las listas negras de las agencias de inteligencia y de combate a las drogas.

Algunos especialistas en geopolítica señalan que Donald Trump no dejará pasar la oportunidad para mostrar su preocupación a la presidenta Sheinbaum en relación a estos temas y a su visión de cómo piensa combatir a los narcoterroristas en donde el modelo venezolano en muy explícito.

La seguridad interior es la prioridad máxima del también magnate inmobiliario  y por ello, tiene la visión perfilada para acabar con el tráfico de fentanilo proveniente de México.

El propio mandatario estadounidense ha reiterado que combatirán militarmente a los gobiernos que estén involucrados con los narcotraficantes en introducir drogas a EU y por ello,  en tan solo unos días se llevará a cabo la intervención en Venezuela, si es que no  abandona antes  el país, el sátrapa de Nicolás Maduro.

Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar, reza el dicho popular y aplica perfectamente al caso Venezuela-México.

De ninguna manera se comparte la visión de la intromisión militar norteamericana en nuestro país, pero ante la incapacidad del gobierno mexicano por someter a los criminales, se requieren acciones internacionales conjuntas para limpiar la casa.

Por otro lado, está el tema de la próxima renegociación del T-MEC y que ya se avizoran algunos ajustes de gran calado en donde el proteccionismo comercial a los productos y servicios provenientes de USA será la regla y más cuando la presión ejercida de Trump sobre Sheinbaum es inclemente e incesante por el poder de negociación que tiene con todos los ases en la manga.

Una reunión que en corto sacará chispas y que tratarán de apaciguarse con las versiones oficiales torcidas de ambas partes. Es decir que, mientras en la mañanera, se dirá que todo fue miel sobre hojuelas y que hay un gran entendimiento y respeto porque hay un “mexicano al grito de guerra”, en contraparte, en la Casa Blanca se dirá que la presidenta mexicana es un encanto, pero que “tiene miedo para enfrentar a los narcoterroristas”

 En cualquiera de los casos, será positivo el encuentro personal entre ambos mandatarios y ojalá que se establezca el compromiso de una reunión bilateral inmediata en Washington en donde se le dé trato de Jefa de Estado a la presidenta mexicana y no como ocurrió en la visita que hiciera AMLO durante su gestión.

Desde luego,  paralelo a esa reunión cupular, seguirán los encuentros entre las delegaciones de ambos países en donde Marcelo Ebrard, secretario de Economía, ha remado a contracorriente, ya que por un lado, logra acuerdos significativos con sus contrapartes norteamericanas y por otro, los tira Trump al día siguiente.

Cabe hacer notar, que además del saludo de Trump-Sheinbaum, se llevará a cabo otra reunión entre la mandataria mexicana y el Primer Ministro del Gobierno canadiense, Mark Carney, y ello también representa un pase delante de ambos gobiernos en una eventual negociación comercial bilateral, en el caso de que Estados Unidos decida romper con el acuerdo trinacional.

 

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.