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Desde San Lázaro. Por fin; Sheinbaum-Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

05 Dic 2025
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Desde San Lázaro. Por fin; Sheinbaum-Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com

Por fin llegó el anhelado encuentro entre Sheinbaum y Trump, aunque este será breve en el marco del sorteo de los equipos que participarán en el mundial de futbol a desarrollarse en México, Estados Unidos y Canadá, sin embargo, en esta primera reunión de “pasillo” entre ambos mandatarios, servirá, primero para conocerse personalmente y segundo, para establecer una agenda básica bilateral que contenga temas como el trasiego de drogas sintéticas, narcoterrorismo, migración, tratado comercial, contrabando de armas y otros tantos temas como el trato inhumano padecido contra los migrantes mexicanos legales e ilegales, por parte del temido  ICE, que más parece un escuadrón de la muerte, que un cuerpo de seguridad para detener a indocumentados.

Hoy se sabrá cuál es el trato real prodigado por el presidente norteamericano a su contraparte mexicana, porque una cosa serán los comunicados de ambas partes en torno al contenido de la reunión y en donde se privilegiará el respeto y la cordura; y otra muy diferente lo que se diga en corto, principalmente ante el grave señalamiento emitido por Donald Trump en el sentido de que los cárteles de la droga gobiernan en México.

La información privilegiada que deben tener los gringos producto de la información proporcionada por los Chapitos y por el Mayo Zambada ha puesto a temblar a altos personajes de la 4T que no solo han perdido la visa para ingresar a Estados Unidos, sino que ya están en las listas negras de las agencias de inteligencia y de combate a las drogas.

Algunos especialistas en geopolítica señalan que Donald Trump no dejará pasar la oportunidad para mostrar su preocupación a la presidenta Sheinbaum en relación a estos temas y a su visión de cómo piensa combatir a los narcoterroristas en donde el modelo venezolano en muy explícito.

La seguridad interior es la prioridad máxima del también magnate inmobiliario  y por ello, tiene la visión perfilada para acabar con el tráfico de fentanilo proveniente de México.

El propio mandatario estadounidense ha reiterado que combatirán militarmente a los gobiernos que estén involucrados con los narcotraficantes en introducir drogas a EU y por ello,  en tan solo unos días se llevará a cabo la intervención en Venezuela, si es que no  abandona antes  el país, el sátrapa de Nicolás Maduro.

Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar, reza el dicho popular y aplica perfectamente al caso Venezuela-México.

De ninguna manera se comparte la visión de la intromisión militar norteamericana en nuestro país, pero ante la incapacidad del gobierno mexicano por someter a los criminales, se requieren acciones internacionales conjuntas para limpiar la casa.

Por otro lado, está el tema de la próxima renegociación del T-MEC y que ya se avizoran algunos ajustes de gran calado en donde el proteccionismo comercial a los productos y servicios provenientes de USA será la regla y más cuando la presión ejercida de Trump sobre Sheinbaum es inclemente e incesante por el poder de negociación que tiene con todos los ases en la manga.

Una reunión que en corto sacará chispas y que tratarán de apaciguarse con las versiones oficiales torcidas de ambas partes. Es decir que, mientras en la mañanera, se dirá que todo fue miel sobre hojuelas y que hay un gran entendimiento y respeto porque hay un “mexicano al grito de guerra”, en contraparte, en la Casa Blanca se dirá que la presidenta mexicana es un encanto, pero que “tiene miedo para enfrentar a los narcoterroristas”

 En cualquiera de los casos, será positivo el encuentro personal entre ambos mandatarios y ojalá que se establezca el compromiso de una reunión bilateral inmediata en Washington en donde se le dé trato de Jefa de Estado a la presidenta mexicana y no como ocurrió en la visita que hiciera AMLO durante su gestión.

Desde luego,  paralelo a esa reunión cupular, seguirán los encuentros entre las delegaciones de ambos países en donde Marcelo Ebrard, secretario de Economía, ha remado a contracorriente, ya que por un lado, logra acuerdos significativos con sus contrapartes norteamericanas y por otro, los tira Trump al día siguiente.

Cabe hacer notar, que además del saludo de Trump-Sheinbaum, se llevará a cabo otra reunión entre la mandataria mexicana y el Primer Ministro del Gobierno canadiense, Mark Carney, y ello también representa un pase delante de ambos gobiernos en una eventual negociación comercial bilateral, en el caso de que Estados Unidos decida romper con el acuerdo trinacional.

 

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.