Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Se preserva la autonomía sindical. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

07 Nov 2025
159 veces
Desde San Lázaro. Se preserva la autonomía sindical. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SnteNacional

La añeja tentación de que manos ajenas a los sindicatos, seducidos por el poder y el control económico, intervinieran en su operación interna para, incluso, decidir sobre los liderazgos sindicales, ha quedada aniquilada con las reformas recientemente aprobadas por unanimidad por el Senado para salvaguardar la autonomía sindical y sancionar cualquier injerencia en la vida interna de las organizaciones gremiales. 

Esta reforma, impulsada por el senador Alfonso Cepeda Salas, secretario general del SNTE, representa un paso histórico para consolidar la libertad, la democracia y la transparencia de los sindicatos de trabajadores al servicio del Estado.

Cepeda Salas explicó que, con lo aprobado este miércoles, se garantiza el pleno respeto a la voluntad de las y los trabajadores, al tiempo que se establecen sanciones claras para evitar toda forma de intromisión en los procesos de elección, reelección o destitución de dirigencias sindicales. El nuevo marco legal protege así la independencia de los sindicatos frente a cualquier interés ajeno a sus integrantes. Blinda y garantiza la autonomía sindical.

“Es la garantía de que nunca más el poder político interferirá en sus decisiones, ni sustituirá la voluntad de las trabajadoras y trabajadores (…) Con esta reforma le cerramos otra puerta más a la corrupción; no más ventajas indebidas, no más abusos del cargo, no más dirigencias a modo, no más subordinaciones indignas. En el Segundo Piso de la Cuarta Transformación tenemos claro que los derechos laborales son derechos humanos”, aclaró el líder del magisterio.

El decreto aprobado, que pasó a la Cámara de Diputados para su análisis y aprobación, adiciona el Artículo 69 Bis a la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado, Reglamentaria del Apartado B del Artículo 123 constitucional y el Artículo 64 Quáter a la Ley General de Responsabilidades Administrativas.

Con estas modificaciones, se considera falta administrativa grave cualquier acción de servidores públicos que obstaculice o interfiera en los procesos democráticos internos de los sindicatos.

Además, el decreto amplía la protección jurídica a las organizaciones sindicales del apartado B del Artículo 123 constitucional, al establecer que los actos de injerencia —ya sean directos o por interpósita persona— serán sancionados con suspensión temporal del cargo, destitución o inhabilitación de uno a 20 años, así como sanciones económicas, según corresponda.

“La sanción constituye una medida preventiva para que las personas servidoras públicas no cedan a la tentación de interferir en la vida interna de los sindicatos, y, desde luego, es también una medida correctiva ejemplar para quienes insistan en violar su autonomía”, advirtió el senador Cepeda Salas.

El decreto fortalece el Estado de derecho, consolida la democracia sindical y asegura que la asociación, libre elección y representación de las y los trabajadores se respeten plenamente.

El SNTE a través de su representación legislativa está logrando avances para los sindicatos del aparatado B del artículo 123 constitucional, es decir no solo estos beneficios son para los maestros, sino para el grueso de los trabajadores al servicio del Estado que están agrupados en sindicatos.

 

RELEVOS EN EL TRIBUNAL ELECTORAL DEL PODER JUDICIAL DE LA FEDERACIÓN.

Una magistrada salió por la puerta grande, la de la dignidad, independencia y apego a la Carta Magna, su nombre, Janine Otálora Malassis, quien prefirió renunciar a la prerrogativa de mantenerse en su cargo por varios más y seguir soportando a sus iguales en resoluciones electorales que nada tiene que ver precisamente con el marco normativo vigente en esta materia; en cambio, la otra magistrada, Mónica Soto, dejó la presidencia del Tribunal Electoral sin pena ni gloria, tras una estela de sospechosismo sobre su incondicional apoyo a la 4T para aprobar las mayorías calificadas artificiales  en el Congreso y también por ser cómplice de la orquesta de acordeones que encumbraron a una bola de ignorantes al Poder Judicial y en particular a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Llamó la atención que en la ceremonia en donde se nombró al nuevo presidente del tribunal, Gilberto Bátiz, se ausentara Mónica Soto, suceso extraño, sobre todo porque en dicho acto acudió la cúpula judicial alineada al Poder Ejecutivo como el ministro presidente de la SCJN, Hugo Aguilar.

El nuevo presidente del TEPJF señaló en su toma de protesta que un tribunal dividido no le sirve a México, en clara alusión a la magistrada faltista. Falta ver en sus resoluciones para observar de qué lado masca la iguana, es decir si mantendrá la línea del oficialismo o se plegará estrictamente a lo dispuesto en la Carta Magna y leyes electorales.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.