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Desde San Lázaro. Ilegítima la nueva SCJN. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

20 Ago 2025
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Desde San Lázaro. Ilegítima la nueva SCJN. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/

Ante uno de los fraudes electores más descarados de la incipiente democracia mexicana (el otro fue el despojo de la presidencia de la República al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas), el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación se apresta a validar la elección del Poder Judicial del pasado 1 de junio, en donde la música de los acordeones fue unísona para conformar la lista de los nuevos ministros de la Suprema Corte de la Nación en un fraude electoral mayúsculo que ya fue validado por la mayoría de los consejeros del INE y hoy pasará lo mismo con el voto mayoritario de los magistrados del Tribunal Electoral. Mónica Soto, Felipe de la Mata y Felipe Fuentes,  aunque se esperan dos votos para invalidar la elección de Ministros, el de Reyes Rodríguez y de Janine Otálora.

El proyecto que presenta hoy el magistrado Rodríguez Mondragón a la Sala Superior de TEPJF sostiene que se debe anular la elección por la distribución de guías de votación (acordeones) que constituyeron propaganda electoral prohibida, al tiempo de violar   los principios constitucionales de legalidad, certeza y equidad en la competencia electoral, además de configurar el uso de financiamiento ilícito.

Por ello, propone declarar la nulidad, revocar las constancias de mayoría y ordenar una nueva elección.

La  sola mención de la eventual cancelación de los comicios judiciales  prendió las alertas rojas en Palacio Nacional y por ello, los principales operadores políticos de la presidenta Sheinbaum, Rosa Icela Rodríguez y compañía,  ejercen marcaje personal sobre los tres magistrados afines al oficialismo (Mónica Soto y los dos Felipes) para evitar sorpresas o que se les vaya ocurrir aplicar criterios apagados al orden constitucional y con ello anular la elección de juzgadores, lo que provocaría un sisma en la 4T y en particular en la salud de su creador, Andrés Manuel López Obrador.

El magistrado Reyes Rodríguez sustentó su propuesta en 3,188 acordeones impresos y 374 materiales digitales recolectados como prueba que demuestran que se diseñó e implementó una estrategia ilícita, coordinada y generalizada para influir en el voto.

Por su parte, la magistrada Otálora presento un proyecto complementario que incorpora análisis estadísticos del experto Javier Aparicio (CIDE) en los que se destaca que las nueve candidaturas ganadoras a ocupar el puesto de Ministro en la SCJN concentraron el 46% de la votación efectiva, frente al 54% repartido entre las otras 55 candidaturas. Señaló que la probabilidad de que los votantes seleccionaran espontáneamente la misma combinación ganadora de los nueve candidatos era “mínima y caso nula”, especialmente considerando la falta de campañas públicas y financiamiento oficial.

Ambos magistrados coinciden en que los acordeones constituyeron propaganda electoral prohibida que violó principios de libertad, autenticidad del sufragio y equidad en la contienda. Sus proyectos proponen, incluso, turnar el caso a la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales para investigar a los responsables de esta operación.

Los proyectos de nulidad destacan la sofisticación de la operación, con acordeones que incluían datos territoriales específicos y se distribuyeron mediante esquemas complejos.

Rodríguez Mondragón enfatizó en su proyecto que esta operación rebasa la capacidad de acción ciudadana individual y refleja coordinación de actores con conocimiento especializado.

Veamos el caso del personaje  que resultó ganador de la presidencia de la SCJN y que ahora sabemos que, a decir de sus amigos, es la reencarnación de Benito Juárez, claro estamos hablando de Hugo Aguilar, “el Ministro indígena” quien antes de la elección, nadie fuera del oficialismo, le daba el triunfo en la boleta electoral y menos tener el mayor número de votos que le garantiza la presidencia por dos años  del máximo tribunal del país.

Las mismas ministras Lanía Batres y  Norma Esquivel  fueron las primeras sorprendidas del triunfo contundente del oaxaqueño, aunque luego cayeron en la cuenta de que esa fue la línea dictada desde la cúpula de la 4T, léase AMLO.

La nueva Corte, la de López Obrador, llega deslegitimizada, sin calidad moral y tampoco sin los conocimientos jurisdiccionales suficientes  para ganarse el reconocimiento de los especialistas y abogados y sobre todo de impartir justicia bajo el orden Constitucional.

Veremos que tanto los nuevos ministros van a proceder conforme a la línea tirada desde Palacio Nacional o de verdad habrá una sorpresa en donde las nuevas ministras y ministros hagan honor a la toga que usarán (aunque Aguilar ya amenazó que no la utilizará) en las sesiones del máximo tribunal.

Hay que decirlo con todas sus letras, el juicio de la historia es contundente y más en asuntos relevantes para la Nación, sobre todo en el comportamiento de la SCJN a lo largo de su trayectoria.

Hay un mundo de diferencia entre la SCJN de Norma Lucía Piña Hernández y la de Hugo Aguilar, ya que mientras una se apegó irrestrictamente a los enunciados de la Constitución, la otra, la que entrará en funciones a partir del 1 de septiembre, llega deslegitimizada y en franca precariedad jurisdiccional.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.