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Desde San Lázaro. Pemex pierde por todos lados y nadie se da cuenta. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

09 Jul 2025
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Desde San Lázaro. Pemex pierde por todos lados y nadie se da cuenta. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Defensamx1

Petróleos Mexicanos pierde 56 millones de pesos al día por Huachicol, de acuerdo a datos obtenidos vía transparencia por El Universal, cifra que permitiría abatir el desabasto de medicamentos y otorgar, por ejemplo, los aumentos salariales que solicitan los trabajadores del Poder Judicial.

Andrés Manuel López Obrador Se hartó  de presumir que durante su gobierno se había acabado la ordeña de ductos de Pemex, sin embargo, con el nuevo gobierno, cada semana se reportan golpes espectaculares contra el huachicoleo como el más reciente, con la detección en Coahuila  de 129 ferrotanques con 15 millones de litros de hidrocarburos,   lo que representa una de los golpes más espectaculares del gobierno, aunque necesariamente para un operativo  de este tamaño se requiere la complicidad de funcionarios públicos, tanto federales como estatales, empresarios y criminales.

La diatriba tabasqueña en el ocaso del sexenio,  era de tal cinismo que se declaró  que “hemos logrado prácticamente desaparecer el robo de combustible…Nos ahorramos 330 mil millones, mucho más que lo que nos costó la refinería Dos Bocas”. Es increíble la cantidad de  mentiras en tan solo una declaración, ya que no se terminó con este delito, no hubo tal ahorro y menos, el costo de  Dos Bocas ha sido inferior 330 mil millones cuando al momento, ha sido de 23 mil millones de dólares.

Para traficar con las gasolinas en niveles gigantescos, se  requiere de una  gran corporación empresarial que tenga los activos, equipos y personal para diseñar todo el mecanismo de huachicoleo que pasa por  todo el proceso comercial que requiere operaciones de esta magnitud

En momentos en que Petróleos Mexicanos vive una crisis inédita que lo tiene al borde del colapso, sus ductos son absorbidos por tomas clandestinas que van a parar directamente a gasolineras y a expendios clandestinos que cualquier mortal puede encontrar en autopistas, carreteras y caminos rurales, aunque para la Guardia Nacional, el ejército, FGR, policías y demás cuerpos de seguridad, no existen.

Por todos lados pierde Pemex, por la caída de la producción, las ventas, los intereses de la deuda y el huchicol, ello sin considerar que la ineptitud de sus directores generales, léase Octavio Romero, en tiempos de AMLO y ahora De Víctor Rodríguez Padilla, inciden en que Pemex esté  en el vórtice de la quiebra.

El huachicoleo es el gran tema en las reuniones matutinas de seguridad que comanda la presidenta Claudia Sheinbaum y por lo que se aprecia, apenas están detectando la punta del iceberg de un delito que necesariamente es solapado, incluso, por mandos intermedios de Pemex, ya que esos niveles de ordeña deberían ser detectados por los sistemas de medición que tiene la petrolera en los ductos.

Si inyectan determinada cantidad de gasolinas por los ductos y no se reciben en los centros de distribución, pues hay huachicoleo; o más aún, si está saliendo el producto de los almacenes y no se refleja en las ventas, simplemente quiere decir que hay ordeña.

Sería oportuno que Víctor Rodríguez informe a la opinión pública el monto multimillonario  de las pérdidas que tiene mensualmente Pemex, desde 2018, ya que como se recordará, al inicio del sexenio de AMLO se interrumpió el suministro de gasolinas en buena parte del país, por culpa del huachicoleo por lo que  el tabasqueño ordenó el montaje de compra de cientos de pipas para transportar el hidrocarburo por vía terrestre.

La realidad fue que el desabasto de gasolinas no se debió al operativo de la 4T, sino a que se dejaron de hacer  las compras oportunas  de gasolinas en el extranjero y por ello se recrudeció el problema.

La soberanía energética de la que tanto presumió Obrador y Octavio Romero quedó en otra de las grandes mentiras vertidas por el mesías de la 4T, ya que no solo se dejó de depender de las importaciones de combustibles, sino que se provocó la quiebra técnica de la petrolera más endeudada del mundo, si Petróleos Mexicanos.

Mientras que en otros países del orbe se tienen debidamente monitoreados con sistemas digitales y de Inteligencia Artificial   los combustibles que se mueven por los ductos  de distribución de las gasolinas, en México, no se tiene dinero para hacerlo y menos, para movilizar a los cuerpos de seguridad para resguardar las instalaciones de Pemex, desde las refinerías hasta los mismos ductos.

En la mañanera se repite hasta el cansancio que se combate el huachicol y que se van a detener a todos los involucrados, pero extrañamente, no caen los peces gordos, tan solo uno que otro pelagato de poco pelo.

Sin duda, se reforzaría la narrativa oficial con la captura de los principales huachicoleros, sin embargo, ello no ha ocurrido y como se ven las cosas, no sucederá en el corto plazo, por la sencilla razón que personajes de la 4T, como han señalado diversos medios de comunicación, están involucrados en este delito.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.