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Desde San Lázaro. Reforma electoral para afianzar al obradorato. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

10 Jul 2025
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Desde San Lázaro. Reforma electoral para afianzar al obradorato. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/rosaicela_

Si alguien piensa que, luego del paquete legislativo que se aprobó en un periodo extraordinario de sesiones en el Congreso, las cosas se van a serenar en la Cámara de Senadores y diputados en cuanto al trabajo, pues están totalmente equivocados, ya que la presidenta tiene prisa por dejar todo a modo para que, en las elecciones intermedias de 2027, se reduzcan las posibilidades de que la oposición crezca su presencia en la Cámara Baja o que recupere algunas gubernaturas perdidas.

Al oficialismo no le bastó haber creado  la Ley Espía o la Ley Censura, tan solo por citar dos ordenamientos fascistoides, sino que va por la madre de todas las reformas;  la electoral, esto en el ámbito político y por supuesto viene la reforma fiscal para asegurar más ingresos a las atribuladas arcas del gobierno.

La no reelección y la ley contra el nepotismo que fue trasquilada, ya que la presidenta quería que entrará en vigor en 2027, sin embargo, algunos de sus propios correligionarios, además del PVEM y PT, se opusieron a ello, para batearla hasta 2030;  son tan solo algunas joyas de la corona imperial con la que se pretende coronar la doctora rumbo al 2030.

Si por décadas la oposición recibió las migajas del poder que les regalaba el PRI, ahora con el nuevo grupo en poder, será todo lo contrario, ya que se cierran todas las puertas para evitar la alternancia política en el poder.

Tanto Claudia Sheinbaum como Andrés Manuel López Obrador son algunos de los beneficiarios de la apertura electoral que  permitieron a ellos y a otros como Vicente Fox, todos   opositores al régimen,  tener espacios en el Congreso, al tiempo de avanzar en las entidades federativas y municipios con todo un andamiaje legislativo que les permitió desplazar a Revolucionario Institucional del Poder en el año 2020 con el triunfo del hombre de las botas.

Años más tarde con AMLO en el poder, se pensó que el piso electoral sería más equitativo y parejo, empero se empezó a conformar el clon del PRI para establecer la hegemonía de Morena que, ahora brilla con luz propia de una dictadura.

A la Jefa del Ejecutivo Federal le tiene sin cuidado que la acusen de destructora del régimen democrático, si con ello logra arraigar el proyecto político de su mentor por varias décadas en nuestro país.

Ahora, con la reforma electoral que ya se cocina en la Secretaria de Gobernación, de Rosa Icela Rodríguez, se configura la estocada final para evitar que el PAN, PRI y MC tengan la mínima oportunidad de hacer crecer sus bancadas en la Cámara de Diputados federal en la próxima elección intermedia.

La oposición rema a contracorriente, ya que, por un lado, no se logran recomponer, luego de la estrepitosa derrota en los comicios del año pasado; y ahora con la reforma electoral que se cocina en el Palacio de Covián, pues será una misión digna del temerario actor Tom Cruise.

La oposición piensa que con algunas valiosas intervenciones en tribuna de sus legisladores o participaciones en los espacios de debate que abren los medios de comunicación, les va alcanzar para granjearse la simpatía de la ciudadanía, pues  están errados, ya que se necesita más que eso para mover las conciencias que desplacen a Morena y aliados.

Se dice que con la irrupción de nuevas franquicias políticas podría cambiar el espectro político nacional, sin embargo, eso no será posible en el corto plazo en razón de dos factores; el primero, tan solo serán palomeados por el INE, un puñado nuevos partidos políticos, entre ellos, los colectivos que se desprenden de la Marea Rosa y segundo, surgirá un nuevo partido que apoye el proyecto político de Claudia Sheinbaum.

Tanto Ricardo Monreal y Adán Augusto López, pastores de la borregada morenista en San Lázaro y en la colegisladora, están preparados para tener domados a sus pares para, llegado el momento, alzar su manita para aprobar lo que les mande la presidenta en torno a la reforma electoral, que contempla, entre otros temas,  la reducción de financiamiento a los partidos políticos; eliminación de los pluris y tomar el control formal del INE con la elección de los consejeros electorales por voto popular.

Desde luego se vislumbra una rebelión en la granja del oficialismo, porque las rémoras, PVEM y PT, harán cualquier cosa para evitar el recorte de sus prerrogativas y sobre todo, que les quiten espacios en el Congreso, es decir, las curules y escaños que tienen ahora gracias a las mayorías artificiales que aprobaron en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, de Mónica Soto y por supuesto, desde el INE.

Si Guadalupe Taddei pensaba que sería premiada por los méritos alcanzados en la pasada elección judicial, pues se equivocó totalmente, ya que la revuelta de sus pares, cinco de ellos para ser exactos, causó demasiado ruido en Palacio Nacional.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.