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Desde San Lázaro. Abren los juzgados para irse de vacaciones. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

07 Jul 2025
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Desde San Lázaro. Abren los juzgados para irse de vacaciones. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/PJCDMX

Una noticia buena y una mala para los ciudadanos que tienen asuntos pendientes en los juzgados de la Ciudad de México; la buena, reanudan labores los trabajadores del Poder Judicial a partir de hoy, luego  de 40 días de paro (lo que representó un mayor rezago de asuntos en los tribunales del orden de 1200 por día); la mala, es que abren tan solo una semana porque el 15 de julio salen de vacaciones, a menos que se solidaricen con la población y dejen sus días de asueto para otra ocasión.

Llama la atención que los trabajadores levanten el paro sin tener asegurado un incremento salarial y también se observa que Clara Brugada, Jefa del gobierno capitalino,  se resiste a otorgar los incrementos salariales con el pretexto de que no hay recursos para ello, aunque si tienen para otras cosas que no impactan en mejorar la calidad de vida de los chilangos, como aceitar la maquinaria electoral, precisamente para el acarreo a las urnas y la elaboración de acordeones.

El levantamiento del paro judicial en la capital del país no significa que el asunto ya esté zanjado y menos por la insensibilidad de  Brugada, lo que significa que en cualquier momento detonará  nuevamente el conflicto, sobre todo porque las cinco demandas de los trabajadores judiciales de la CMDX; basificación progresiva, aumento salarial no menor al 3 por ciento; nula aplicación de represalias por el paro; mesa de diálogo permanente y una auditoría independiente del presupuesto del Poder Judicial; siguen pendientes y por austeridad republicana y la nula voluntad política de Clarita, no hay posibilidad de que el problema se solucione en este año.

En los 40 días de paro se suspendieron 33 mil audiencias, se congelaron 252 mil “promociones” jurídicas y se afectaron a más de dos millones de personas, según cálculos del Poder Judicial capitalino.

Estamos a poco menos de dos meses para que tomen posesión los juzgadores que fueron electos en la farsa de la elección judicial, lo que significa que muchos de esos jueces empezarán su curva de aprendizaje con un cúmulo de expedientes y asuntos pendientes que rebasa  por mucho la capacidad de atención en los juzgados.

El colapso en los tribunales es de tal envergadura que, para ponerse al corriente, los trabajadores del Poder Judicial de la CDMX deben trabajar horas extras para desahogar los pendientes, y bueno esto es solo para atender el rezago, falta ponderar el sesgo que toman las resoluciones de los jueces, porque con las prisas y ante la montaña de pendientes, pues, se corre el riesgo que la impartición de justicia no se haga con criterios de imparcialidad y basados en el respeto irrestricto del estado de derecho.

El fin del paro de labores se alcanzó mediante la entrega de un bono extraordinario que se pagará en diciembre por única vez, de alrededor de 30 millones de pesos a distribuirse entre los trabajadores que menos ganan y la instalación de mesas de negociación para avanzar en revisión salarial del próximo año.

Los mismos trabajadores judiciales han reiterado que el sistema judicial capitalino está al borde del colapso por los años de rezago, simulación e improvisación y a ello hay que agregar que la austeridad republicana que impuso AMLO (y que no fue otra cosa que quitar presupuesto a las áreas torales de la administración pública de los tres niveles de gobierno para canalizarlo a sus obras faraónicas y el fondeo de los programas de asistencia social con tintes electorales) dejó a todo el aparato judicial sin los recursos humanos, económicos y materiales para cumplir con sus funciones.

El gobierno de la 4T está quebrado, no tiene liquidez y menos partidas extraordinarias para responder a emergencias o por lo menos a remediar, por ejemplo, rezagos salariales, el desabasto de medicamentos o, por decir lo menos,  la dotación de equipos de impresión e insumo de oficina para que las áreas de gobierno estén a la altura de la demanda ciudadana.

Con ingresos propios estancados y que crecen tan solo por los dientes afilados del SAT y en contraparte con un gasto creciente por el pago de los intereses de la deuda pública y por supuesto,  obras surgidas de la ocurrencia y el capricho;  el tiradero de dinero que representan los programas asistenciales y con funcionarios ineptos, pues, no hay forma de que México salga de la crisis económica y de seguridad que se agudizó desde 2018.

Veremos cómo se desactiva la bomba de tiempo que está en el Poder Judicial, no tan solo de la CDMX, sino de todas las entidades del país y por supuesto de los tribunales federales que vivirán una de sus etapas más álgidas de su historia a partir del 1 de septiembre próximo.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.