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De Cinco Estrellas. Mélanie Belin se despide de la dirección de Atout France México con la presencia de Delphine Borione. Por. Victoria González Prado Destacado

24 Jun 2026
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De Cinco Estrellas. Mélanie Belin se despide de la dirección de Atout France México con la presencia de Delphine Borione. Por. Victoria González Prado Delphine Borione, embajadora de Francia en México y Mélanie Belin.
  • Mélanie Belin se despide de la dirección de Atout France México con la presencia de Delphine Borione, embajadora de Francia
  • Más allá de los cinco partidos: tres experiencias para descubrir la historia y cultura del Sur de Ciudad de México durante el Mundial
  • Crecimiento turístico y viajes ante el Mundial 2026: perspectivas y oportunidades estratégicas 

Realmente fue sorpresivo e inesperado, Mélanie Belin se despide de la dirección de Atout France México (Agencia de Desarrollo Turístico de Francia). La embajada de Francia en nuestro país, presidida por Delphine Borione invitó a amigos, familiares, miembros de la embajada y un par de periodistas para desearle lo mejor en lo que estamos seguros pronto iniciará.

En su oportunidad, la embajadora francesa elogió el trabajo realizado por Mélanie como directora de la representación de turismo en nuestro país desde el año 2017. Su interés por promover distintos puntos de Francia, su gastronomía, vinos y los diversos atractivos, entre las distintas asociaciones relacionadas con la industria sin chimeneas y recordó que

Atout France se posicionó como una de las mejores oficinas en su tipo.

Mélanie Belin, nació en Besanzón, en la región de Borgoña Franco Condado en el Noreste de Francia. Cuna de Víctor Hugo y los hermanos Lumière. Ahí vivió hasta cumplir 21 años. Es licenciada en Administración de Empresas. Se especializó en Administración de Empresas Culturales y sus prácticas profesionales las realizó siendo guía de museos o recepcionista en oficinas de turismo.

A su llegada a México trabaja en editorial donde conoce a personas de Atout France y así empieza a promover Francia con libros publicados por la editorial. En 2012, le dan oportunidad de ser la responsable de Comunicación en la Agencia de Desarrollo Turístico de Francia y en mayo 2017, inició su carrera como directora.

Así, tras nutrida ovación de todos los ahí reunidos, Mélanie agradeció a la embajadora su hospitalidad, cercanía y apoyo “durante estos tiempos difíciles. En momentos de incertidumbre, su acompañamiento y confianza han sido un verdadero sostén, y me siento sinceramente agradecida.

“Quiero también agradecer a todas las personas presentes. Porque un capítulo nunca se escribe solo. Un libro necesita personajes, voces, cómplices, editores improvisados, compañeros de aventura… y todos ustedes han sido protagonistas fundamentales de esta etapa de mi vida profesional y personal. Gracias por haber escrito conmigo este lindo capítulo de la historia de Atout France en México.

Y hoy estamos aquí justamente para eso: para cerrar un capítulo muy especial de esta gran historia llamada Atout France”.

Al mismo tiempo Mélanie Belin recordó que fueron 14 años al servicio de la promoción turística de Francia en los que aprendió mucho y, “cuando pienso en esos aprendizajes, inevitablemente los veo como las grandes lecciones que uno encuentra entre las páginas de una buena novela”.

Habló del trabajo en equipo y aseguró, “podría hacer aquí una metáfora futbolera, hablar de estrategia, de equipos mundialistas y de jugadas maestras… pero esa era más bien la marca de fábrica de nuestro querido presidente de Atout France, Christian Mantei. Yo prefiero pensar en todos ustedes como los personajes de mi libro. Cada uno aportó algo distinto a esta historia: energía, creatividad, paciencia, inteligencia, humor y solidaridad”.

Mencionó que fue verdadero placer colaborar con todos los servicios de la embajada, con nuestros socios, colegas, amigos del sector turístico y aseguró que, “cada encuentro, cada proyecto, cada evento y cada conversación fueron enriqueciendo esta narrativa colectiva que construimos juntos durante tantos años”. 

 
Delphine Borione, embajadora de Francia en México y Mélanie Belin.

 

Otro aprendizaje, mencionó, fue la planificación y aseguró que aprendió que para organizar un gran evento, como en una buena novela, hay que anticipar y preparar cuidadosamente cada escena. “Nada ocurre por casualidad. Detrás de cada workshop exitoso, de cada campaña o de cada proyecto memorable, hubo horas de trabajo, dudas, ajustes de último minuto y muchísimo compromiso”.

Visiblemente emocionada, Mélanie, aseguró que aprendió a mantener y buscar el equilibrio entre la vida profesional y personal y recordó que a tomó la dirección de Atout France unos meses después del nacimiento de su hijo Mathias.

“Me encontré con dos responsabilidades de tiempo completo: dirigir una oficina y convertirme en mamá. Dos historias desarrollándose al mismo tiempo, ambas intensas, demandantes y profundamente transformadoras”.

Y siguió recordando que siempre quiso aportar creatividad: “extraño un poco aquella época dorada de los impresos: las guías, las revistas, los mapas temáticos… proyectos desarrollados con amor al papel, al detalle y al buen diseño, especialmente la guía Francia, notas de viaje, con sus ilustraciones tan llamativas y esa voluntad de hacer soñar al lector antes incluso de abordar un avión. Fue un proyecto muy querido y tan exitoso que después hicimos también la versión para estudiantes junto con Campus France”.

Asimismo, dijo: “hoy el mundo cambió, las oficinas cambian, las estructuras evolucionan y las historias toman nuevos rumbos. El cierre de esta oficina en México y la reorganización de Atout France marcan claramente el final de una etapa. Pero no el final de la historia.

“Porque, aunque he podido visualizar desde hace algunos meses el giro inesperado que iba a tomar mi historia con Atout France, debo admitir que el final de este capítulo me deja también una nota de misterio sobre lo que sigue.

“Y quizá eso sea lo más bonito de los libros: uno nunca sabe exactamente qué traerá la página siguiente.

“Por mi parte, esperaré con ilusión ese próximo capítulo. Y espero, de corazón, que muchos de ustedes sigan acompañándome en este viaje, como lectores, personajes, amigos o cómplices, para escribir juntos las siguientes páginas de esta historia”.

Una vez más, la ovación se dejó escuchar y todos los ahí reunidos buscaron abrazar cariñosamente a Mélanie que ya no pudo contener el llanto mientras su hijo Mathias primero la observó y luego busco el calor de sus brazos.

Mélanie estamos seguros que muy pronto iniciarás una nueva página en tu vida profesional y sabes que cuentas con todos los que te acompañamos en el camino.

 
La embajadora francesa en su intervención, Mathias con su mamá y Mélanie Belin.

 

***** El Estadio Ciudad de México vuelve a ocupar lugar central en la conversación global al ser el único estadio en albergar su tercera Copa Mundial de la FIFA 2026. Sin embargo, en casi seis décadas de historia, su relevancia trasciende lo futbolístico al ser anfitrión de entrañables experiencias como los conciertos de Michael Jackson, Bad Bunny o Karol G, así como la pelea de box entre Julio César Chávez y Greg Haugen, que reunió a más de 132 mil espectadores, entre otros.

Con motivo de los cinco partidos que se disputarán en este recinto, los amantes del fútbol y visitantes en Ciudad de México podrán ampliar su itinerario de viaje con alguna de las experiencias guiadas por anfitriones en Airbnb que exploran detalles poco conocidos del emblemático “Coloso de Santa Úrsula” más allá del grito de gol y del silbatazo final. Además de visitar otros espacios que vibran con la emoción del mundial.   

Complementa tu experiencia mundialista y disfruta del sur de CDMX, más allá de los 90 minutos con alguna de las experiencias disponibles en Airbnb:

Explora los archivos del arquitecto del Estadio Azteca: experiencia íntima en el estudio de Pedro Ramírez Vázquez, diseñador del estadio, guiada por su hijo. Los visitantes recorren archivos arquitectónicos privados, bocetos originales, planos y fotografías históricas que nunca antes se habían mostrado al público. Además de conocer el espacio de trabajo del arquitecto, la experiencia conecta el diseño del estadio con algunos de los episodios más importantes del fútbol mundial, incluido el célebre “gol del siglo” en 1986.

Revive la historia en exposición de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Recorrido privado por la exposición "La ciudad que no ha dejado de jugar", instalada en el edificio CISS, alojamiento de la selección de Brasil en el mundial de 1970. La muestra reúne más de 600 piezas de memorabilia mundialista, arte y objetos históricos que cuentan cómo el fútbol transformó culturalmente a la Ciudad de México. 

Casa Estudio Frida y Diego: arte, arquitectura y el sur de la ciudad: Para quienes quieren descubrir la capital más allá del fútbol, esta experiencia recorre la Casa Estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo, de los espacios más importantes del arte moderno mexicano. El recorrido explora la arquitectura funcionalista del complejo, la vida cotidiana de los artistas y el ambiente cultural del sur de la ciudad, combinando historia, arte y actividades interactivas en formato accesible para familias y viajeros curiosos.

El Estadio Ciudad de México será, sin duda, uno de los grandes protagonistas de la Copa Mundial de la FIFA 2026, pero la historia de la ciudad se extiende mucho más allá de sus gradas. A través de experiencias guiadas por anfitriones locales, los viajeros podrán descubrir las historias, los espacios y las expresiones culturales que han dado forma a la identidad de una de las sedes más emblemáticas del torneo.

Para conocer más experiencias disponibles en la plataforma y seguir explorando la Ciudad de México más allá de los partidos, visita: https://www.airbnb.mx/s/experiences.

 
Anfitriones de Airbnb te mostrarán lugares inigualables de Ciudad de México.

 

***** Durante años, la idea de lujo estuvo ligada a grandes hoteles, lobbies imponentes y experiencias diseñadas para cientos de personas al mismo tiempo. Pero la nueva generación de viajeros parece estar buscando algo completamente distinto: privacidad, intimidad y espacios que se sientan personales.

Ahí surge nueva conversación alrededor de la hospitalidad. En Mérida, por ejemplo, Mansión Xodó representa parte de esta evolución. Más que propiedad para hospedarse, nace de la idea de recuperar algo que muchas veces se pierde en los formatos tradicionales: la posibilidad de vivir espacio completo con libertad, privacidad y sensación genuina de pertenencia. Su arquitectura, sus áreas comunes y la manera en que está concebida buscan crear entorno donde cada estancia pueda adaptarse a quienes la habitan, ya sea para celebración especial, reunión cercana o simplemente para desconectarse del ritmo cotidiano.

Más que hospedaje tradicional, la propiedad propone forma distinta de viajar. Reuniones pequeñas, celebraciones privadas, fines de semana entre amigos o escapadas donde el diseño, la atmósfera y la sensación de exclusividad importan tanto como el destino mismo.

La hospitalidad privada también ha cambiado la forma en que las personas se relacionan durante un viaje. Ya no se trata únicamente de visitar un lugar, sino de crear experiencias mucho más personales alrededor de él.

Cenas largas. Música. Tiempo sin prisa. Espacios que permiten convivir de manera mucho más natural.

En momento donde gran parte del lujo se volvió visible y compartido constantemente en redes sociales, existe algo particularmente atractivo en los lugares que todavía logran sentirse reservados.

Porque hoy, quizá el verdadero lujo ya no es ser visto por todos. Sino tener lugar que se sienta solo tuyo.

 
El lujo hoy busca experiencias íntimas, privacidad y espacios que se sientan personales.

 

“El ángel de la fama tiene sus alas hechas de papel... periódico”

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Twitter: @victoriagprado

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.