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Defensoría Pública Electoral del TEPJF atiende a 153 personas en la jornada de Justicia Cercana en Papantla, Veracruz Destacado

25 May 2026
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Defensoría Pública Electoral del TEPJF atiende a 153 personas en la jornada de Justicia Cercana en Papantla, Veracruz Imagen tomada de: https://www.te.gob.mx/

Como parte de la primera jornada de 2026 del Programa de Atención Itinerante por una Justicia Cercana, la Defensoría Pública Electoral (DPE) del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) brindó atención y asesoría a 153 personas de comunidades indígenas, de la academia, de la sociedad civil, así como de autoridades tradicionales y jurisdiccionales, en Papantla de Olarte, Veracruz.

Durante abril, la DPE recibió 31 solicitudes de orientación y asesoría jurídica gratuita de ciudadanas y ciudadanos con posibles afectaciones a sus derechos político-electorales; la atención se dirigió principalmente a población indígena, adultas mayores, jóvenes y personas con discapacidad, acciones con las que el TEPJF refrenda su compromiso de acercar servicios especializados a quienes enfrentan obstáculos para ejercer plenamente sus derechos.

Como parte de esta política pública, el Tribunal Electoral —a través de la DPE— realizará la segunda jornada del Programa de Atención Itinerante los días 29 y 30 de mayo en el estado de Campeche, donde también conmemorará 10 años de trabajo institucional. La agenda contempla mesas de análisis sobre el papel de las defensorías electorales, casos relevantes en la defensa de derechos político-electorales de poblaciones en desventaja histórica, así como la instalación de módulos de atención ciudadana en San Francisco de Campeche y Calkiní.

En la inauguración del Programa de Atención Itinerante por una Justicia Cercana participaron el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Hugo Aguilar Ortiz; el magistrado presidente de la Sala Superior del TEPJF, Gilberto Bátiz García; la magistrada de la Sala Superior Claudia Valle Aguilasocho, además de Catalina Ramírez Hernández, Surit Berenice Romero y José Alberto Gallegos Ramírez, integrantes del Órgano de Administración Judicial (OAJ).

En la primera jornada 2026 se instalaron paneles de análisis sobre la perspectiva intercultural como base de una justicia cercana, los avances en participación política de grupos en situación de vulnerabilidad y los retos que aún existen para acceder a la justicia electoral, entre ellos la distancia geográfica, las barreras lingüísticas y la falta de información.

La respuesta de las comunidades, las instituciones y la academia permitió identificar asuntos que podrían derivar en solicitudes formales de servicio, lo que confirma que la presencia territorial facilita el conocimiento de los derechos y acerca la justicia electoral a la ciudadanía.

Con información de: https://www.te.gob.mx/

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.