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Entrega Gobernador Súper Becas a jóvenes por hasta 100 mil pesos Destacado

30 Abr 2026
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Entrega Gobernador Súper Becas a jóvenes por hasta 100 mil pesos Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/
  • Fortalece Manolo el desarrollo juvenil con apoyos escolares y súper becas internacionales

El gobernador Manolo Jiménez Salinas y su esposa Paola Rodríguez López, presidenta honoraria de Inspira Coahuila, encabezaron la entrega de apoyos para estudiantes y el arranque del programa de Súper Becas Internacionales, una iniciativa que busca impulsar el talento y liderazgo de las y los jóvenes coahuilenses.

"Junto con mi esposa Paola Rodríguez y nuestro gran equipo, arrancamos los programas de “Apoyos Escolares” y de las “Súper Becas Internacionales” para miles de estudiantes de preparatoria y universidad. Con gran compromiso seguimos apoyando a nuestros jóvenes, que son el presente y futuro de Coahuila", destacó el gobernador.

Ante ello, Jiménez Salinas señaló que su administración trabaja en fortalecer el desarrollo académico, profesional y personal de las juventudes mediante programas innovadores y de alto impacto.

Acompañado por autoridades educativas, rectores, directores de instituciones, el gobernador reconoció el trabajo conjunto que ha permitido consolidar este proyecto en beneficio de miles de estudiantes en todo el estado.

Expreso que el desarrollo de Coahuila depende de sus jóvenes, y que así como un equipo necesita buenas fuerzas básicas para triunfar, Coahuila necesita una juventud preparada, con oportunidades y con liderazgo.

Como parte del evento, se entregaron apoyos económicos destinados a aliviar los gastos escolares de estudiantes de nivel medio superior y superior. Asimismo, se formalizó uno de los compromisos más importantes de su administración: el lanzamiento de las Súper Becas, que otorgan entre 20 mil y 100 mil pesos a jóvenes destacados en ámbitos académicos, deportivos, culturales y de liderazgo.

El gobernador resaltó el caso de una beneficiaria que, gracias a este programa, podrá realizar estudios en Francia, demostrando el impacto transformador de estas acciones en la vida de los jóvenes.

“Estas oportunidades pueden cambiar vidas. No queremos que ninguna joven o ningún joven pierda la posibilidad de crecer, de prepararse y de construir su futuro profesional”, señaló.

Asimismo, reiteró que este tipo de iniciativas buscan enviar un mensaje claro a la juventud: no están solos, cuentan con el respaldo del gobierno estatal para alcanzar sus metas y contribuir al desarrollo de Coahuila y de México.

En su mensaje final, el gobernador invitó a las y los estudiantes a mantener el enfoque en sus objetivos, trabajar con disciplina y rodearse de buenos equipos, destacando la importancia de contar con un plan de vida.

“Si a ustedes les va bien, le va bien a Coahuila y le va bien a México”, concluyó.

En su mensaje, a presidenta honoraria de Inspira Coahuila, Paola Rodríguez López, destacó que el programa de Súper Becas Internacionales nace para brindar a las y los jóvenes la oportunidad de acceder a experiencias académicas en el extranjero, fortalecer su preparación y ampliar su visión, con apoyos de hasta 100 mil pesos según cada proyecto.

Subrayó que el talento coahuilense ya tiene presencia global, con estudiantes que participarán en destinos como Estados Unidos, Corea del Sur, España, Francia y otros países, reafirmando el compromiso de impulsar a una generación que, con esfuerzo y disciplina, puede llegar tan lejos como se lo proponga.

El secretario de Inclusión y Desarrollo Social de Coahuila, Enrique Martínez y Morales, puntualizó que este evento forma parte de una política pública integral enfocada en la juventud, que incluye programas como Congreso 300, apoyos a emprendedores y las Súper Becas, para beneficiar a miles de jóvenes con estímulos económicos.

Precisó que estos apoyos no solo atienden necesidades inmediatas, sino que representan un respaldo directo para que las y los estudiantes continúen su formación, reafirmando que en Coahuila la mejor inversión es en su juventud y en su futuro.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.