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Desde San Lázaro. Certidumbre para crecer. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

19 Mar 2026
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Desde San Lázaro. Certidumbre para crecer. Por:  Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/AsocBancosMx

SIN CONFIANZA, NO HAY INVERSIÓN

La inauguración hoy de la 89 Convención Bancaria en Cancún llega en un momento particularmente delicado —y, al mismo tiempo, decisivo— para la economía mexicana. En uno de los principales foros de interlocución entre el gobierno, el sistema financiero y el sector empresarial, el diagnóstico vuelve a ser claro: México tiene una oportunidad histórica de crecimiento, pero también enfrenta riesgos que podrían frenarla si no se atienden con prontitud.

Los banqueros llegan a Cancún con una agenda conocida pero cada vez más urgente. El principal reclamo gira en torno a la falta de certidumbre jurídica, los cambios regulatorios constantes y el incremento en los costos fiscales. Estos factores, advierten, no sólo afectan la operación del sistema financiero, sino que inciden directamente en la disposición de crédito, en la inversión y, en última instancia, en el dinamismo económico.

No es un tema menor. En un entorno global donde el capital busca destinos confiables, la certidumbre se ha convertido en un activo tan valioso como cualquier incentivo fiscal. Sin reglas claras, sin estabilidad regulatoria y sin un Estado de derecho sólido, el riesgo país se incrementa y el financiamiento se encarece. Es ahí donde el círculo comienza a cerrarse.

Pero la moneda tiene otra cara. Desde la óptica del empresariado y de amplios sectores productivos, el reclamo hacia la banca es igualmente contundente: hace falta más crédito y, sobre todo, crédito más barato. Las tasas de interés, aunque han comenzado a moderarse, siguen siendo elevadas en comparación con otros mercados, lo que limita la expansión de pequeñas y medianas empresas, precisamente las que más empleo generan.

Así, el país parece atrapado en un círculo vicioso. La banca argumenta que sin crecimiento económico sostenido y sin condiciones de certidumbre, no puede ampliar el crédito sin elevar riesgos. Los empresarios responden que sin financiamiento accesible, el crecimiento simplemente no llegará. Y en medio de este dilema, la economía mexicana avanza por debajo de su potencial.

Romper este ciclo exige algo más que diagnósticos compartidos: requiere decisiones coordinadas.

Cada actor tiene una responsabilidad clara. La banca debe avanzar en la ampliación del crédito, innovar en productos financieros y mejorar sus condiciones de acceso, particularmente para las pequeñas y medianas empresas. El sector empresarial, por su parte, necesita fortalecer la formalidad, elevar su productividad y generar proyectos viables que demanden financiamiento.

Pero el papel del gobierno es, sin duda, el más determinante.

Durante el sexenio pasado, la relación entre el poder público y el sistema financiero estuvo marcada por la desconfianza. Los banqueros fueron, en más de una ocasión, señalados como responsables de prácticas abusivas, lo que contribuyó a un ambiente de confrontación que no favoreció la inversión ni la expansión del crédito.

Hoy, ese discurso parece estar cambiando. La administración encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum ha enviado señales más conciliadoras hacia el sector financiero. Funcionarios clave como Marcelo Ebrard, titular de Economía y Edgar Amador, de la SHCP han insistido en la necesidad de fortalecer la colaboración con los sectores productivos y de impulsar iniciativas como el llamado Plan México, que busca detonar inversiones y crecimiento.

Sin embargo, el problema no radica únicamente en el discurso, sino en la coherencia de las acciones.

Mientras por un lado se invita a los empresarios y a la banca a participar en una estrategia de desarrollo económico de largo plazo, por otro se impulsan reformas que generan incertidumbre, particularmente en el ámbito institucional. La discusión en torno al Poder Judicial y el sometimiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación han encendido alertas en los mercados y entre los inversionistas.

La percepción de que las reglas del juego pueden modificarse sin contrapesos efectivos es, quizá, el mayor obstáculo para construir confianza.

Y sin confianza, no hay inversión.

La Convención Bancaria de este año, por tanto, no sólo es un espacio para el intercambio de ideas, sino una prueba de fuego para medir la capacidad del gobierno de enviar señales claras y consistentes. La pregunta de fondo es si México está dispuesto a consolidar un entorno de certidumbre que permita aprovechar las oportunidades que hoy tiene frente a sí.

El fenómeno de relocalización de cadenas productivas, el llamado nearshoring, coloca a México en una posición privilegiada para atraer inversiones. La cercanía con Estados Unidos, la integración comercial y el tamaño del mercado interno son ventajas que pocos países pueden ofrecer.

Pero estas ventajas, por sí solas, no garantizan el crecimiento.

Se requiere un entorno institucional sólido, reglas claras y una política económica coherente. Se necesita, en otras palabras, confianza.

Si el gobierno logra alinear su agenda política con su estrategia económica, si apuesta verdaderamente por la certidumbre jurídica y si genera condiciones para una mayor inversión, el círculo vicioso puede romperse.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.