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Desde San Lázaro. Una amenaza para el mundo. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

21 Ene 2026
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Desde San Lázaro. Una amenaza para el mundo. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com

A un año de gestión   de su segundo periodo como presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha cambiado los equilibrios geopolíticos del mundo, al tiempo de ponerlo en la antesala de una conflagración comercial sin parangón desde la segunda guerra mundial y es en este contexto en donde se debe ponderar la actuación de la presidenta Sheinbaum con su contraparte norteamericano, quien  agregó otro elemento disruptivo a la relación bilateral con la declaración de narcoterroristas a los capos de la droga mexicanos.

Desde luego, la tarea que  enfrenta la doctora es monumental ya que tiene que lidiar con todo tipo de exigencias, peticiones y reclamos de Trump y  de proteger a su grupo político que encabeza Andrés Manuel López Obrador contra las acusaciones de connivencia con criminales que le indilgan las agencias de inteligencia y de combate a la drogas de la Unión Americana.

Son retos inéditos para cualquier gobierno y más para el principal socio comercial de Estados Unidos.

El gobierno mexicano en los últimos siete años, fue omiso en múltiples temas que dañaron la relación con EU, particularmente en la implementación de la estrategia de seguridad de “Abrazos, no balazos”, que alentó el crecimiento exponencial de los criminales en territorio nacional con el control  en vastas regiones del país que permitió el incremento del trasiego de drogas sintéticas a USA, en particular del fentanilo.

Los flujos migratorios de ilegales hacia Estados Unidos provenientes principalmente de Centroamérica y del Caribe fueron permitidos e incluso alentados  por el gobierno mexicano y por políticas migratorias laxas del propio gobierno de Joe Biden con las consecuencias a la vista.

El proteccionismo a ultranza y el expansionismo del imperialismo yanqui ha encontrado un nuevo exponente en la figura de Donald Trump que envalentonado pretende apropiarse de Groenlandia, someter a Canadá,  Venezuela y luego a México.

Los aliados estratégicos de los estadounidenses, como la Unión Europea,  se sienten traicionados y agraviados por el accionar de Donald, por lo que se aprestan a cerrar filas contra sus políticas expansionistas.

Ahora es Groenlandia la manzana de la discordia, mañana será otro país, pero el quid del asunto es que el presidente Trump quiere deslindarse de los últimos presidentes de Estados Unidos con su política del garrote y de la guerra y por ello, la paz mundial se ve amenazada  como nunca desde el siglo pasado, toda vez que el arsenal nuclear existente pone en riesgo la misma supervivencia humana en el planeta.

De ese tamaño es el peso belicoso que tiene el mandatario estadounidense y por supuesto la eventual reacción de los que considera como sus enemigos, como Rusia, China, Corea del Norte y otras tantas naciones que están en estado de alerta máxima ante los manotazos del magnate inmobiliario.

 En este primer año de Trump, dicen algunos que el gobierno mexicano ha salido bien librado si se considera que a otros aliados de Estados Unidos les ha ido peor y tienen razón, yo agregaría que considerando las circunstancias, la presidenta Sheinbaum se ha movido acertadamente  conforme a las circunstancias y los tiempos que le han tocado y   por ello, ha sabido sortear el caporal.

Cierto, a casi todas las exigencias de Trump, se ha plegado México,  por lo menos hasta ahora, menos  de permitir la intervención militar en territorio nacional para aprehender a criminales y cómplices incrustados en el poder público, aunque tan solo será cuestión de tiempo para que ello ocurra.

La presidenta no ha entendido la gravedad del asunto porque en lugar de reestablecer la unidad nacional desde las mañaneras, sigue polarizando a la población, incluso con gobernar tan solo para sus simpatizantes y adeptos, en lugar de reparar que es la presidenta de todos los mexicanos.

Efectivamente, llegado el momento, será necesario cerrar filas con la presidenta de México, pero ante tanta afrenta a los que no piensan como ella, eso es prácticamente imposible, incluso hay muchos mexicanos que están de acuerdo en la intervención gringa para capturar a los grandes capos mexicanos.

El tiempo corre en contra y se tiene encima la negociación del T-MEC en donde Trump buscará someter  a México con medidas proteccionistas de la industria norteamericana que podrán en condiciones desventajosas a los productos nacionales.

Un año de Trump que ha sido uno de los peores en la historia reciente de la humanidad y a la que los mismos norteamericanos no han escapado porque padecen alta inflación, desempleo, polarización social y guerras a la vista en la cuales serán llamados a filas, su juventud.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.