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Desde San Lázaro. El miedo a la rechifla en el azteca. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

10 Dic 2025
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Desde San Lázaro. El miedo a la rechifla en el azteca. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

El rechazo de la presidenta Sheinbaum a acudir al partido inaugural del mundial de futbol en el estadio Azteca, Banorte, CDMX o como se llame, habla más del miedo de la mandataria por no resistir la prueba del ácido de un encuentro directo con el pueblo, quien, sin tapujos, expresa sus reales sentimientos ante el gobernante en turno.

Todavía se recuerdan las rechiflas y los recuerdos familiares en el pasado contra Gustavo Díaz Ordaz en la inauguración de las olimpiadas de 1968 en el estadio de CU, aplaudiendo con las manos manchadas de sangre por la matanza de estudiantes el 2 de octubre; o contra Miguel de la Madrid en 1986 (quien acudió con el señalamiento de haberse escondido luego del terremoto de 1985) en la entrega de la copa FIFA a la selección Argentina con todo y Diego Maradona.

Si fueran reales los niveles de aceptación que tiene Sheinbaum entre la población, no cabría el temor por asistir al Azteca.

Si la mega manifestación de acarreados celebrada en el zócalo capitalino el pasado sábado hubiera sido espontánea, saldría la doctora en hombros del coso de Santa Úrsula, pero lamentablemente para ella no será así.

El mismo López Obrador, el prócer de la 4T, padeció en carne propia el abucheo generalizado de los asistentes en la inauguración del estadio (24/03/19) de béisbol Alfredo Harp Helú, en donde los insultos y recuerdos a su progenitora fueron de pronóstico reservado.

Entonces, que no diga la doctora que su ausencia en el partido inaugural del mundial de fut se deba a que los boletos son muy caros, inaccesibles para el pueblo, y por ello se abstiene de asistir.

El miedo no anda en burro dicen en mi pueblo.

El argumento es pueril y absurdo como el de viajar en aviones comerciales o transportarse en Tsuru, como su mentor, quien al poco tiempo dejó ese vehículo para moverse en “camionetonas” y en aeronaves de la fuerza área, tal como lo hace ahora, en lugar de viajar como lo hace cualquier mortal común en Viva o Aerobus.

Ningún expresidente de México, goza de los privilegios con los que dispensa la doctora al tabasqueño, desde la protección personal a él y a su familia, con miembros de las fuerzas armadas, hasta privilegios de transportarse en las aeronaves de la SEDENA.

El populismo izquierdista se disfraza der austeridad, cuando en realidad, los cuatroteros representan a la nueva clase de millonarios con fortunas provenientes de los recursos públicos.

Nos faltaría espacio en esta columna para citar los nombres de los personajes del oficialismo que son inmensamente millonarios ubicados en las gubernaturas, Poder Legislativo y el círculo cercano de poder de AMLO y sus más cercanos cuates, como Adán Augusto López Hernández.

Incluso los ahora apestados como Alejanadro Gertz Mnaero o Manuel Bartlett nadan en sus inmensas fortunas.

Ningún presidente de los países en donde se ha inaugurado el mundial de futbol se ha ausentado a la ceremonia de arranque de las gestas deportivas y menos con el absurdo argumento de que los boletos son muy caros para el pueblo.

Han estado todos los mandatarios presentes de los cinco continentes y de regímenes democráticos e incluso autoritarios en la inauguración del evento deportivo más importante del orbe.

Con ese mismo argumento de austeridad no hubiera acudido al sorteo de los partidos del mundial a desarrollarse en México, Estados Unidos y Canadá, porque los boletos de avión son muy caros.

Un presidente tiene obligaciones inherentes a su cargo como representar dignamente a su país en los grandes acontecimientos mundiales y más si existe la posibilidad de reunirse con los dirigentes políticos de otras latitudes, como ocurrió en Washington en el encuentro con Donald Trump y Mark Carney.

Las tres sedes del mundial en México, están trabajando a contracorriente porque el tiempo está encima y todavía hay muchos pendientes que resolver como temas de terrorismo, violencia e inseguridad, infraestructura urbana, conectividad y aeropuertos obsoletos e insuficientes como el de la CDMX que, no obstante, la manita de gato que le están dando, pues resultará insuficiente para atender a los cientos de miles de visitantes que llegarán a nuestro país el próximo año.

Dirán algunos oficialistas que para eso se construyó el AIFA, sin embargo, está demostrado que no cumple con los requisitos de conectividad entre ambas terminales aéreas y menos cuenta con el transporte terrestre suficiente para mover a los pasajeros a sus sitios de hospedaje en la capital del país.

El AIFA es un elefante blanco que ahora que se quedó sin los escasos vuelos internacionales a Estados Unidos, representa el prototipo de la ineptitud, el capricho y el dispendio, toda vez que su operación le cuesta a los mexicanos más de dos mil millones de pesos anuales.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.