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Desde San Lázaro. Muerte al AIFA. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

30 Oct 2025
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Desde San Lázaro. Muerte al AIFA. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/aifaaero

Con la medida del presidente Donald Trump de cancelar todos los vuelos provenientes del AIFA hacia la Unión Americana se le da el golpe de gracia a esa terminal aérea que nació comercialmente por un capricho de Andrés Manuel López Obrador y que causó un grave daño al erario público; primero con la cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco que llevaba un avance del 30% y luego con la reconversión del aeropuerto militar de Santa Lucía al AIFA.

Ese capricho del tabasqueño lleva un costo a la fecha  de más de 300 mil millones de pesos porque se siguen pagando los bonos y sus rendimientos a los tenedores de los mismos y que hicieron posible el financiamiento del aeropuerto de Texcoco.

Como se aprecia, por todos lados se sangró al erario público, primero con tirar a la basura lo que se llevaba gastado en Texcoco, luego, el pago de bonos, posteriormente la construcción del AIFA y la asignación anual  de presupuesto para su operación, porque este elefante blanco se mantiene con el apoyo presupuestal ya que trabaja con números rojos.

Aun con esos vuelos de aerolíneas mexicanas que vuelan a Estados Unidos y que acaban de ser cancelados, el AIFA trabaja con pérdidas, pues ahora ya con la cancelación,  se ha declarado la muerte de esta terminal área.

Entre los argumentos esgrimidos por el Departamento de Transporte de EU  para justificar la extrema medida de revocar las autorizaciones para 13 rutas aéreas desde el AIFA –tanto existentes como futuras-están las acusaciones contra las decisiones adoptadas por AMLO que fueron anticompetitivas y discriminatorias contra las aerolíneas de ese país, para obligarlas a trasladarse al AIFA.

Como se recordará, desde la inauguración de este elefante blanco, no levantó vuelo por la escasa afluencia de pasajeros y ante ello y las críticas por esa onerosa decisión para las arcas públicas, el Peje ordenó por decreto que varios vuelos comerciales y de carga se trasladarán al Felipe Ángeles, sin considerar lo gravoso de la medida para las líneas aéreas nacionales e internacionales.

Los más alarmante del asunto es que, ahora, todavía la presidenta Sheinbaum se atreve a defender la medida tomada por su mentor cuando es evidente el daño patrimonial a la nación causado por los caprichos del mesías, amén de los costos que padecerán las aerolíneas nacionales por la revocación de las autorizaciones de esas 13 rutas aéreas y bueno, la molestia y los gastos extras para los pasajeros que ya tenían comprados vuelos en el aeropuerto de la 4T.

Si quiere llámele terminal aérea de AMLO o Felipe Ángeles, pero el caso es que este aeropuerto  para subsistir, deberá contar con más recursos públicos (tirar dinero a la basura)  que serían de más utilidad social si se invierten, por ejemplo en remediar el desabasto de medicamentos o de apoyar a los damnificados por las lluvias en Veracruz, Hidalgo, Puebla y Querétaro.

La presidenta insistió que las compañías aéreas de carga están felices por despachar desde el AIFA, entonces estaría bien, que ese argumento se lo hiciera saber a su contraparte norteamericana porque el señor Trump tiene otros datos.

Llama la atención que el gobierno mexicano sea el último en enterarse de las medidas unilaterales que toma la Casa Blanca en relación con nuestro país.

Sheinbaum presumía que apenas el sábado pasado habló con el presidente de USA para  posponer la imposición de más aranceles, pero no le dijeron del ramalazo que venía sobre el AIFA, una de las tres obras más emblemáticas del obradorato y que al igual que la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya trabajan en números rojos. Por cierto esta última obra no solo  es un monumento a la estulticia, sino fue el mayor destructor ambiental y del patrimonio cultural que se haya tenido noticias en este siglo.

En cualquier tema, ya sea de seguridad pública, cárteles de la droga, gusano barrenador, sanciones al jitomate mexicano, daños a las líneas nacionales y por supuesto, la imposición de aranceles, entre otros,   el gobierno de Estados Unidos ignora olímpicamente al gobierno de México y ello devela la enorme desconfianza que prevalece.

Cada vez se complica la gestión de la presidenta, tanto por decisiones internas como por temas exógenos que vienen principalmente de Donald Trump, como es el caso con la puntilla al AIFA que representa su muerte operativa y financiera.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.