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Desde San Lázaro. Diputados y Senadores cobran sin trabajar. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

28 Oct 2025
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Desde San Lázaro. Diputados y Senadores cobran sin trabajar. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Mx_Diputados

El trabajo de un legislador en México es muy cómodo, sin grandes exigencias y con sueldos en muchos casos estratosféricos por la consolidación de sus dietas con pagos extraordinarios por presidir una Comisión de trabajo o por tan solo ser miembro de ella, además de tener derechos a otros apoyos económicos como son; para instalar sus oficinas de atención al público en los distritos de donde son originarios; para sus informes de gobierno, aguinaldos, vacaciones, pago de marcha, fondo de ahorro y otras percepciones más que se auto asignan conforme a los dispuesto en la Jucopo (junta de Coordinación Política) en donde participan todos los coordinadores parlamentarios de las fracciones partidistas.

Ganan muy bien y en muchos casos tan solo hacen presencia en las sesiones para levantar la mano ya sea para aprobar o desaprobar algún punto de acuerdo, dictamen o ley que se presente en el Pleno o en Comisiones y párele de contar.

Sin embargo, ahora las señoras  y señores legisladores ni siquiera tienen la obligación de estar presentes en las sesiones, ya que lo pueden hacer de forma virtual y ello significa que aunque estén jugando pádel o estén  en algún centro vacacional o en una reunión familiar, tan solo les basta conectarse a la sesión vía internet a través de alguna plataforma virtual y con ello cumplir con la obligación.

Ser diputado o senador es el sueño de muchos, pero solo muy pocos logran alcanzar esa posición, la mayor parte de esos ciudadanos  son premiados  por sus relaciones políticas y NO  por méritos propios como abanderar demandas  ciudadanas en diversos temas que requieren soluciones inmediatas.

Desde luego, salvo honrosas excepciones, el grueso de los senadores y diputados representan una carga muy onerosa para las arcas públicas que bien se pudiera evitar si se eliminan esos escaños y curules ya que en términos prácticos no sirven absolutamente de nada.

Son guevones e ineptos, incluso muchos de ellos no tienen una carrera universitaria y aunque usted no lo crea, ni siquiera saben leer los textos que les preparan para que los lean en tribuna.

Buena parte de los senadores y diputados jamás han subido a la tribuna del Pleno y menos asumir la responsabilidad de preparar una iniciativa para ser llevada a la sesión plenaria.

Los plurinominales, primera minoría y de representación proporcional ni siquiera hacen campaña política y menos requieren votos en lo personal para acceder a ser diputados o senador. Basta que el partido político al que pertenecen lo postulen en los primeros lugares de sus listas de plurinominales para sacarse la lotería.

Así pasa con los actuales coordinadores partidistas en el Senado ya que ni el controvertido y corrupto Adán Augusto López, de Morena, ni Alito o Marko Cortés del PRI y PAN, tuvieron que despeinarse para salir a las calles a buscar el voto ciudadano para llegar al Senado de la República.

La reforma electoral que se está cocinando en Palacio Nacional busca adelgazar el aparato legislativo con eliminar los pluris y con ello dejar a la Cámara de Diputados con 300 integrantes en lugar de los 500 que tiene ahora y de igual manera reducir a la mitad el número de senadores.

Como están las cosas, con 100 diputados y 32 senadores, sería suficiente  para llevar a cabo lo que hacen ahora, pero desde luego, esto no sería viable porque las fuerzas políticas reclaman lo que por derecho les corresponde.

El morenista Ricardo Monreal, presidente de la Jucopo de la Cámara Baja, exigió a los legisladores a cumplir con su responsabilidad de acudir a las Comisiones y las discusiones del Pleno. A todos sus correligionarios les recordó  que su presencia se debe a los mexicanos para quienes tienen que responder con seriedad, eficacia, lealtad y responsabilidad.

“Ser legislador es un honor y un privilegio”, advierte Monreal y amenaza con descontar de sus dietas, sus faltas.

Es decir, se está cocinando que vuelva la obligación de la presencia física de los legisladores a las sesiones, so pena de descontarles el día y exhibirlos públicamente.

Por causas de fuerza mayor como la pandemia por Covid, se eximió a los legisladores de ausentarse de las sesiones y con el pase de lista virtual era más que suficiente, pero ahora y sin justificación alguna, omiten acudir a San Lázaro o a Reforma, no se vayan a enfermar.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.