Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Sin inversión, condenado el sexenio a la mediocridad económica. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

21 Oct 2025
206 veces
Desde San Lázaro. Sin inversión, condenado el sexenio a la mediocridad económica. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SE_mx

Que tiempos aquellos en los que México crecía en promedio al 2% anual del PIB y no porque fuera muy positivo, sino porque ahora con la 4T no se llega ni al 1% (con AMLO 0.9% y con Sheinbaum 0.7) y como están las cosas, el promedio de crecimiento económico del PIB en el sexenio de la presidenta no rebasará el uno por ciento y ello de suyo, es grave si consideramos que los márgenes de pobreza y marginación son superiores al 60 por ciento de la población.

Las mentiras de AMLO en torno al crecimiento del PIB en su administración NO se pudieron sostener ante la cruda realidad, por lo que decidió que la medición del PIB no era suficiente y por eso propuso un índice alternativo para medir el bienestar, el crecimiento, la desigualdad social y la felicidad del pueblo, aunque con esto no pudo contener la crisis económica, al contrario la profundizó con sus medidas populistas de izquierda.  

El estancamiento económico por el que transita nuestro país en la actualidad se debe a diversos efectos externos e internos que confluyen para inhibir el crecimiento y la generación de empleos formales e índices aceptables en la política social.

La política arancelaría impuesta por el presidente Donald Trump y el riesgo que corre la renegociación del T-MEC son parte de esos elementos exógenos que comprometen el crecimiento nacional y si a ello le agregamos que el gobierno estadounidense no quitará el dedo del renglón en el combate a los narcoterroristas mexicanos y que, mientras el gobierno de la 4T no demuestre con hechos que va en serio en combatir a los cárteles de la droga y a sus cómplices incrustados en los tres niveles de gobierno, pues seguirán las represalias comerciales y de otro tipo contra México.

En el escenario nacional, el oficialismo se dio un balazo en el pie con la elección de jueces y ahora con la aprobación de la nueva Ley de amparo que han vulnerado el estado de derecho y comprometido la inversión por la desconfianza que prevalece ante la incertidumbre jurídica en donde la leyes protegen al Estado por encima de los ciudadanos y de las empresas.

No existen garantías constitucionales para que los inversionistas defiendan su patrimonio ante intentos de expropiación o de cobros desmesurados e injustos de impuestos.

No existe país en el mundo detonantes de crecimiento económico que no consideren de forma relevante a la inversión pública y privada, en este sentido, el actual gobierno no tiene posibilidades de revertir la ausencia de inversiones nacionales e internacionales con el actual diseño del poder judicial y la ley de amparo; y en general con inhibir la participación del capital privado en sectores estratégicos de la economía.

Cuando los grandes capitales observan que los órganos jurisdiccionales no son autónomos ni independientes del Poder Ejecutivo como sucede, incluso con la Suprema Corte de Justicia de la Nación, prefieren voltear hacia otras latitudes en donde el estado de derecho sea robusto y se respete como la piedra angular de todo el sistema político y social.

En una entrevista al Sol de México, José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, aseguró precisamente que se extraña esos niveles de crecimiento del PIB de por lo menos 2 por ciento anual y que en buena medida, ahora no se alcanzan porque la inversión privada y pública ha dejado de fluir como a principios de este siglo.

Una cosa son las mentiras de la mañanera en torno a que la economía va muy bien,  y otra, muy diferente, la cruda realidad que subraya el hecho del estancamiento económico por el que transita México y que, como van las cosas, estamos caminando en la línea tenue entre estancamiento y recesión económica.

Ahora con la aprobación de la Ley de Ingresos por parte de la Cámara de Diputados para el próximo año, se fortalece el déficit fiscal con la contratación de deuda de 1.5 billones de pesos que coloca a la gestión de Sheinbaum como la que más ha endeuda al país luego de que el record en este rubro lo tuviera AMLO.

Mientras la presidenta no corte el cordón umbilical que la ata con su mentor y de un golpe de timón con una nueva estrategia económica en donde considere a la iniciativa privada como aliado relevante y establezca nuevas condiciones jurisdiccionales para la seguridad jurídica de sus inversiones, pues no existe poder humano que pueda sacar al país del decrecimiento económico.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.