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Desde San Lázaro. Un nuevo PAN fortalece a la democracia. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

20 Oct 2025
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Desde San Lázaro. Un nuevo PAN fortalece a la democracia. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/AccionNacional

¿Le sirve de algo a la vida democrática del país el relanzamiento del PAN?, la respuesta es inmediata, por supuesto que sí. ¿Es relevante que el partido de oposición más fuerte, retome el rumbo para ser competitivo en las elecciones intermedias de 2027 y con ello  establecer un marcado contrapeso al oficialismo? Esta pregunta tiene múltiples contestaciones, pero todas confluyen en que se requiere una oposición fuerte para impedir que progresen los intentos para establecer una dictadura.

No se trata de filias y fobias políticas, sino simplemente de fortalecer a un bipartidismo equilibrado que mantenga a raya los deseos de dictadorzuelos que intentan demoler la división de poderes con el total dominio por parte del Ejecutivo al Legislativo y Judicial con un nuevo orden constitucional y una Suprema Corte de Justicia de la Nación arrodillada ante el poder imperial.

Luego de la imposición a raja tabla de la nueva Ley de Amparo, regresiva y protectora del Estado, se han quedado en total indefensión los ciudadanos, colectivos y entes empresariales que eventualmente tengan un conflicto de intereses con el gobierno y de ello no hay que excluir, por supuesto, a los opositores políticos.

Bien por el PAN que, aunque tardíamente, haya decidido dar un golpe de timón para regresar a sus bases doctrinales y dogmáticas que le dan rumbo y sentido de pertenencia en plena concordancia con las aspiraciones de la sociedad que privilegia la familia, los valores, la libertad y el amor por México.

La renovación de cuadros políticos en Acción Nacional es de urgente necesidad para sortear la aduana del 2027 con éxito rumbo a la elección presidencial del 2030. Cualquier refundación necesariamente tiene que pasar por abrir las puertas de par en par de los partidos políticos para que entre todo aquel ciudadano que requiera ser escuchado y respaldado en sus aspiraciones políticas para terminar con la banda de rufianes que en estos momentos gobierna, amparado en una etiqueta de transformación y que no es otra cosa, que conformar organizadamente un bloque para enriquecerse y mantener el poder al costo que sea.

Sin contrapesos institucionales y con leyes a modo para evitar críticos inconformes, el oficialismo avanza sin escollos para ponerle la joya de la corona al totalitarismo con una reforma electoral que cierre espacios políticos y de interlocución a las minorías y a los partidos políticos opositores.

En este momento solo existen dos fuerzas políticas con ciertas posibilidades de éxito en las elecciones intermedias; el PAN y Movimiento Ciudadano, porque el PRI va a rumbo a perder sus prerrogativas nacionales para quedarse tan solo con representación en algunas entidades federativas y párele de contar. En este contexto, ambos partidos de oposición, Los azules y los naranjas, deben aplicarse para competir en el escenario político nacional con posibilidades reales de victoria al obtener un buen número de legisladores en la Cámara de Diputados federal y ganar las gubernaturas que estarán en juego.

No basta con los posicionamientos que hagan algunos de sus correligionarios en las Cámaras legisladoras, sino se requiere enorme poder de convocatoria entre los sectores de la población inconformes con el actual régimen.

Las manifestaciones de la Marea Rosa fueron un gran ejemplo de lo que puede ocurrir cuando hay causas sociales y políticas que puede mover al ciudadano de a pie.

Si algunos colectivos de la Marea Rosa logran su propósito de convertirse en una nueva franquicia política, será un camión de oxígeno para la vida democrática, pero, si no logran ese objetivo y no porque no hayan cumplido con todos los requisitos que imponen las leyes electorales y la Santa Inquisición del INE, entonces tendrán cobijo muchos de sus liderazgos en las filas del PAN y de MC.

Entre los ejes torales que dan pie al relanzamiento del PAN están: regresar a su legado fundacional; crear una nueva narrativa, defender a México, la familia y la libertad; apertura total a la afiliación partidista del ciudadano; selección abierta para cargos de representación popular; relevo generacional; escucha ciudadana y fin de alianzas partidistas.

Estos puntos son solo algunos aspectos del relanzamiento de Acción Nacional, veremos si en la práctica los caciques azules permiten el paso de nuevos cuadros políticos que puedan incluso, convertirse en sus candidatos para gubernaturas y al Congreso, o si todo se quedará en el discurso.    

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.