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Desde San Lázaro. Parlamento abierto para disfrazar el totalitarismo. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

19 Sep 2025
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Desde San Lázaro. Parlamento abierto para disfrazar el totalitarismo. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/senadomexicano

El último bastión jurisdiccional para frenar los abusos e injusticias contra un ciudadano o un ente empresarial está por ser destruido por la 4T, tal como ha sucedido con el Poder Judicial  y que se refleja en la inoperancia de los  tribunales en donde han sido nombrado los juzgadores del oficialismo; se trata de la figura del  amparo  que tutela y protege los derechos fundamentales.

El amparo en nuestro país es un recurso legal, o juicio, que protege los derechos humanos y las garantías constitucionales de las personas frente a actos u omisiones de autoridades o particulares que los violen. Es un medio de control de la constitucionalidad de las leyes y de un instrumento fundamental para garantizar  el respeto a la Constitución y a los tratados internacionales, restituyendo a los gobernados en el goce de sus derechos.

El amparo revisa la legalidad de los actos y reconstruye el tejido social al permitir que los individuos se reconozcan como sujetos de derechos y exijan respeto, el amparo contribuye a la estabilidad social.

Esta definición breve y resumida es lo que quiere quitar el gobierno de la presidenta Sheinbaum y para justificarse, han convocado en la Cámara de Senadores a un parlamento abierto para que los interesados, expertos y todo aquel especialista, viertan sus opiniones en torno a la reforma en la materia que pretenden hacer.

La experiencia dice que desde que se inventó el parlamento abierto en tiempos de AMLO, resultó ser un ejercicio inútil y para engañabobos, porque todo lo que se decía en esos ejercicios  “democráticos” no sirvieron para nada. Ahora se replica el ejercicio y el ejemplo más claro lo tenemos a la vista con la reforma a la Ley de Amparo.

Como es costumbre, desde la mañanera, la presidenta nos dora la píldora al enumerar las grandes ventajas de la reforma en cuestión: “lo relevante será disminuir los tiempos que emite la SCJN, pues el actual sistema permite interponer amparos que retrasan el cumplimiento de lo que se decida”, advierte la mandataria.

Añade que todo el sistema judicial será más expedito, aunque los legisladores de oposición acusan que la reforma es un intento de consolidar el régimen autoritario al limitar las herramientas legales que protegen a los ciudadanos ante las autoridades. El panista Ricardo Anaya criticó la eliminación de los efectos generales del amparo, las restricciones al interés legítimo y la posibilidad de que la autoridad alegue imposibilidad jurídica o material para no cumplir las sentencias.

El caso es que si faltaba algo para dejar en total indefensión jurídica a los ciudadanos, ahora con la reforma a la ley de amparo se cumple el capricho de AMLO de tener totalmente bajo el designio del presidente en turno al Poder Judicial y dejar sin recursos legales a aquellos ciudadanos incomodos para el régimen.

Para darle una embarrada democrática al mayoriteo del oficialismo en el Congreso en torno a la aprobación de las reformas, arrancará el parlamento respectivo en los próximos días en la Cámara Alta y vendrá todo el numerito en torno a las ponencias y participaciones de los interesados para que al final del día, se autorice la reforma tal como la mando el Ejecutivo al Legislativo. Es decir sin cambiarle una coma.

El quid del asunto, desde la óptica del oficialismo, es establecer que no procederá la suspensión en casos en donde se lesione el interés social o disposiciones de orden público, particularmente en materia administrativa.

Lo anterior significa que si la autoridad decide expropiar inmuebles de particulares en aras de un interés social, no habrá poder legal que impida el atropello.

Esto tan solo es para empezar, ya que el contenido de la reforma es propio de un régimen autoritario como los que ya conocemos de la región como es el caso de Cuba o Venezuela.

Desde luego, los grupos parlamentarios en el Congreso Federal del PAN, PRI, y MC no podrán hacer gran cosa para impedir la eliminación del amparo como se conoce hasta hoy, gracias a las mayorías calificadas artificiales que regaló el INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a Morena, PT y PVEM.

La voluntad de la presidenta será ley y por ello se ha cambiado todo el andamiaje judicial para que así ocurra.

Que nadie se muestre sorprendido en el futuro ante tal atropello que vulnera los derechos humanos de todos los mexicanos.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.