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Desde San Lázaro. Brugada debe esclarecer los asesinatos. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

22 Ago 2025
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Desde San Lázaro. Brugada debe esclarecer los asesinatos. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/ClaraBrugadaM

Las piezas más importantes del rompecabezas del artero asesinato de los dos colaboradores más cercanos y queridos de la Jefa del Gobierno Capitalino, Clara Brugada, no aparecen por ningún lado por lo que el caso sigue abierto, lo que representa que a los largo de tres meses, las pesquisas realizadas por la Fiscalía de la CDMX y la Secretaria de Seguridad federal y capitalina, han avanzado a paso muy lento y conforme pasen los días se complicará más el asunto.

El tema es de suma importancia, toda vez que el certero golpe de los criminales a Brugada representa una victoria de los delincuentes que asesinaron a Ximena Guzmán y José Muñoz, no solo por conocer las entrañas de la agenda de la funcionaria de más alto rango en la administración de la CDMX, sino que realizaron un acto de terrorismo con un contundente mensaje a la ciudadanía de que ellos son los que mandan en la metrópoli.

No han detenido al autor material, tampoco a los autores intelectuales y menos han encontrado la madeja que los lleve a determinar el móvil del ajusticiamiento, por lo que diremos que solo detuvieron a 13 sujetos que de forma tangencial participaron en la célula que planeó y ejecutó a los dos personajes referidos, con una precisión milimétrica que deja al descubierto la capacidad profesional de estos malandros.

En un crimen de Estado, por lo menos para el ex DF, ya que no fueron abatidos dos servidores públicos de cualquier nivel, sino eran las dos personas en las que se apoyaba la Jefa de Gobierno en rubros que requerían discreción absoluta y lealtad a toda prueba.

Por lo menos, durante 20 días, los autores intelectuales y materiales prepararon el golpe, sin que nadie se haya percatado de ello, no obstante que, por el nivel que ostentaban en la estructura operativa de las oficinas centrales, requerían cierta protección personal, pero no la tenían y menos esperaban el ataque.

De todas las hebras que podrían llevar a los asesinos, varias están en los asuntos escabrosos que tiene en su escritorio la Jefa de Gobierno y que tiene que ver con el combate al crimen organizado de la capital, por sus múltiples tentáculos que manejan  en materia de tráfico de drogas, derecho de piso, asesinatos, invasión de inmuebles y toda suerte de delitos de alto impacto.

Desde luego, la línea de investigación más sólida proviene de los grupos criminales que operan en Iztapalapa y su relación con capos nacionales de alto nivel.

Ojalá, no le tiemble la mano a Clara Brugada para hacer justicia y castigar a los culpables.

Es lo menos que puede hacer para honrar a sus dos colaboradores y para cumplir con la encomienda de la presidenta, Claudia Sheinbaum de llegar hasta las últimas consecuencias para que los asesinatos no queden impunes.

Es deseable que los detenidos no sean tan solo chivos expiatorios y que, efectivamente todos ellos, sean parte de la célula criminal que participaron en  los asesinatos.

Ante la presión presidencial de resolver el caso, Clara Brugada, Bertha Alcalde y Pablo Vázquez deben aplicarse con todas sus capacidades institucionales y personales para dar resultados a la brevedad, ya que no solo la opinión pública nacional está atenta a los acontecimientos, sino también los medios de comunicación internacionales y por supuesto, las agencias de inteligencia y seguridad del gobierno de los Estados Unidos.

El grado de vulnerabilidad mostrada por el grupo en el poder de la CMDX, es inaudito y preocupante, ya que si a ellos les bajaron dos de sus miembros más connotados, que puede esperar el ciudadano de a pie ante los delincuentes que mantienen el control de vastas regiones del país, tal como lo ha señalado el mismo presidente de la Unión Americana, Donald Trump.

La vorágine de violencia no tiene límites ni reconoce niveles de funcionarios públicos, podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que estamos en una de las etapas de la historia contemporánea de México más aciagas por el grado de empoderamiento de los criminales, quienes tuvieron mano laxa oficial a nivel nacional y en casi todas las entidades del país, para acrecentar su poder sobre una ciudadanía totalmente  indefensa y la deriva.

El Estado no ha podido cumplir con el mandato constitucional de proporcionar seguridad a los mexicanos ni a su patrimonio y como se aprecian las cosas en el corto plazo, tardarán años para recomponer el entuerto que dejó López Obrador con su política de Abrazos no balazos.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.