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Desde San Lázaro. Cara a cara Sheinbaum-Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

25 Jul 2025
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Desde San Lázaro. Cara a cara Sheinbaum-Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com

Quién le está temiendo a un encuentro personal entre los presidentes de México y Estados Unidos;  algunos dicen que varios colaboradores cercanos de la doctora han sugerido buscar el face to face en un sitio neutral, es decir que no sea en la Casa Blanca debido a los antecedentes de maltrato que ha hecho el magnate inmobiliario a varios de sus invitados como al presidente ucraniano,  Volodímir Zelenski;  otros en cambio, prefieren la ruta de la llamada telefónica y que, por lo visto, ha sido el canal de comunicación más socorrido entre ambos, ya que a la fecha han hablado ambos mandatarios en siete ocasiones.

Como se recordará el primer cara a cara previsto entre ambos personajes se iba a realizar en el marco del G-7, en Alberta, Canadá, sin embargo, no se pudo realizar el encuentro por el retiro intempestivo del presidente norteamericano por el conflicto entre Israel e Irán.

Cierto, la ocasión era única, puesto que, tras llegar al poder el republicano se dedicó a imponer aranceles y a instaurar las redadas a migrantes, entre otras acciones punitivas contra México.

Los expertos valoraban este primer encuentro cono una oportunidad excelente para la mandataria mexicana, que podría verse con Trump en terreno neutral y contar como anfitrión del encuentro al primer ministro de Canadá, Mark Carney, todos socios del T-MEC.

Por mala fortuna no se concretó el encuentro en esa ocasión, hace casi un mes, y contra los pronósticos, no se han podido reunir, no obstante el cúmulo de asuntos que deben tratar.

Lo que subyace en el impedimento de la reunión cupular es que el presidente de EU no está contento con el accionar del gobierno mexicano en temas relacionados con el combate a los cárteles de la droga y menos con la posición ideológica que tienen y que está alineada a las dictaduras de la región como Cuba y Venezuela.

Mientras no se vea resultados tangibles y positivos, bajo la óptica estadounidense, seguirá el castigo contra los mexicanos, por ello, es menester que Claudia Sheinbaum busque el face to face a la brevedad y agarrar el toro por los cuernos.

En tanto, la Jefa del Ejecutivo Federal anunció que buscará hablar nuevamente con su contraparte estadounidense para tratar de incorporar en la agenda bilateral un visión global sobre todos los temas que afectan la relación entre ambos países, como, por ejemplo; ,  el combate a los cárteles de la droga, trasiego de fentanilo, aranceles, migración, sanciones a productos mexicanos como el tomate, ganado, además a instituciones financieras y la eventual degradación aérea, aunque lo más relevante de todos estos rubros es la renegociación del T-MEC.

Otro tema muy sensible que está en el tintero es la persecución violatoria de los derechos humanos de los inmigrantes por parte de las autoridades migratorias de EU, además de la reclusión en prisiones que están prohibidas por  acuerdos internacionales que las proscribieron después de observar lo que ocurrió en los campos de exterminio de los nazis.

La presidenta ha manifestado su molestia por el maltrato a los migrantes mexicanos, aunque está inconformidad tiene que manifestarla directamente a Donald Trump y si fuera de manera personal tendría más contundencia.

No es posible que en pleno siglo XXI se transgredan los derechos humanos de los migrantes en un país que por antonomasia está conformado por los flujos de inmigrantes provenientes de todo el mundo y que se auto erigen como los guardianes de la democracia y el respeto a los derechos fundamentales.

Tampoco es válido que se considere a los migrantes mexicanos y de otras nacionalidades como auténticos delincuentes y menos, por su apariencia, apresarlos y recluirlos en el nuevo Auschwitz o como lo bautizó Trump; “Alcatraz de los Caimanes”.

Desde el Congreso mexicano, la Comisión Permanente y todas las fracciones partidistas exigieron  la liberación de personas migrantes privadas de su libertad en esa cárcel y el cierre de la misma.

La Comisión Permanente del Congreso de la Unión condenó la persecución de personas migrantes en Estados Unidos América, de manera violenta y arbitraria porque es violatoria de los más elementales derechos humanos y se agrava con el hecho de enviar a las personas detenidas a la cárcel conocida como “Alcatraz de los Caimanes”.

Consideraron  que esta situación es inaceptable, pues impone el terror, lesiona la dignidad de las personas y las somete a prisión de manera discrecional y fuera de todo marco legal y constitucional vigente en los propios Estados Unidos.

La cárcel llamada “Alcatraz de los Caimanes”  tiene condiciones que ponen en riesgo la vida de las personas ahí detenidas, y a esto se suma el trato inhumano que se les impone.

Este tipo de cárceles están proscritas desde el término de la Segunda Guerra Mundial.

La presidenta Sheinbaum debe exigir el cierre definitivo de esa cárcel infamante.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.