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Quintana Roo, primer estado del país en firmar convenio con nuevas juezas y jueces electos del Poder Judicial Destacado

22 Jul 2025
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Quintana Roo, primer estado del país en firmar convenio con nuevas juezas y jueces electos del Poder Judicial Imagen tomada de: https://cgc.qroo.gob.mx/
  • Con visión de futuro, Quintana Roo fortalece la profesionalización y cercanía de nuevas juzgadoras y juzgadores elegidos por el pueblo 
  • Con este convenio, la gobernadora Mara Lezama y el Magistrado Presidente, Heyden Cebada impulsan una justicia más cercana y al servicio de la gente 

Quintana Roo se convirtió en el primer estado del país en firmar un Convenio de Colaboración con las nuevas juezas y jueces de Primera Instancia electos en los recientes comicios del Poder Judicial.

 

Acompañada de Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) y del Consejo de la Judicatura, Heyden Cebada Rivas, la gobernadora Mara Lezama Espinosa encabezó este acto histórico y atestiguó el inicio del Curso de Inducción para 105 juzgadoras y juzgadores, como parte de una estrategia para garantizar una impartición de justicia más humana, cercana, transparente y con verdadero enfoque social.

 

En este curso participan 52 juezas y jueces de Cancún, 28 de Chetumal, 14 de Playa del Carmen y 11 de manera virtual de otros municipios.

 

“Estoy convencida de que aquí están las y los mejores. El pueblo en las pasadas elecciones históricas del Poder Judicial, no se equivocó. Con este convenio lograremos una verdadera justicia social” precisó la gobernadora Mara Lezama.

 

Mara Lezama puntualizó que de la mano de la primera presidenta mujer de México, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo se logrará una verdadera justicia para todas y todos. Reconoció sentirse convencida de que hoy la base del Poder Judicial es fuerte, sólido y cercano a la gente.

 

“Estamos marcando ese paso firme hacia la transformación de esta nueva historia. La justicia no debe ser un privilegio, debe ser un derecho al que todas y todos puedan acceder” señaló.

 

En su intervención el Magistrado Presidente del TSJ, Heyden Cebada afirmó que con este convenio “avanzamos con firmeza en la mejora continua de la justicia, que parte de la premisa de ser una responsabilidad compartida que requiere de una visión sistémica. Esto, además, guarda plena congruencia con la filosofía que rige el actuar armónico de los Poderes del Estado, que se orienta siempre a la justicia social, a la prosperidad compartida y la construcción de nuestra paz perpetua”.

 

A partir de la firma del acuerdo, se creará una Comisión Técnica para la ejecución del convenio e iniciarán los trabajos para el diseño e implementación de programas integrales de formación y actualización dirigidos a las personas juzgadoras electas y en funciones, por conducto de la Universidad Judicial.

 

Por otro lado, se firmó el Convenio de Colaboración para Fortalecer el Ejercicio de la Función Judicial entre diversas instituciones del estado de Quintana Roo, incluyendo al Poder Ejecutivo, la Secretaría de Gobierno (SEGOB), la Secretaría de las Mujeres (SEMUJERES), el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (Sistema DIF Quintana Roo), la Universidad Autónoma de Quintana Roo (UAQROO) y el Poder Judicial.

 

Este trabajo en equipo busca ayudar a que los procesos legales sean más rápidos, claros y justos para que la justicia llegue mejor a las personas.

 

Estuvieron presentes la presidenta honoraria del Sistema DIF Quintana Roo, Verónica Lezama Espinosa; el magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) y del Consejo de la Judicatura, Heyden Cebada Rivas; la secretaria de Gobierno, Cristina Torres Gómez; la rectora de la Universidad Autónoma de Quintana Roo, Natalia Fiorentini Cañedo; el rector de la Universidad Judicial, Gustavo Adolfo del Rosal Ricalde y la titular de la Secretaría de las Mujeres, Esther Burgos Jiménez.

 

Con información de: https://cgc.qroo.gob.mx/

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.