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Desde San Lázaro. Degradación aérea en el radar. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

21 Jul 2025
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Desde San Lázaro. Degradación aérea en el radar. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/aifaaero

Todos los caprichos de López Obrador han significado grandes pérdidas para el país como el Aeropuerto Felipe Ángeles (AIFA) que fue habilitado a toda prisa para subsanar la cancelación del aeropuerto de Texcoco que llevaba un avance del 30 por ciento y que iba a ser uno de los diez más importantes del mundo, sin embargo, la ocurrencia tabasqueña resultó ser todo un fracaso ya que se convirtió en un museo militar con escasa afluencia y nula rentabilidad.

A base de decretos, AMLO quiso activar el AIFA ordenando que las operaciones de carga del aeropuerto internacional de la CDMX, se trasladarán  a esa terminal aérea, sin considerar los grandes costos que representaba para las aerolíneas tal medida por los grandes retos que significaba en temas de logística y movilidad.

El resultado de inventar una demanda ficticia de pasajeros para los vuelos que se operan en el AIFA, es que, a la fecha y por muchos años más, seguirá registrando pérdidas que el gobierno las cubrirá con el dinero de todos los mexicanos, ya que no levanta el vuelo.

Y como si esto no fuera suficiente para evidenciar la torpeza de Andrés Manuel, ahora la administración de Donald Trump anunció medidas contra México por la decisión de AMLO de rescindir franjas horarias de vuelo –los llamados slots- a aerolíneas de Estados Unidos y obligarlas a sacar operaciones del AICM para llevarlas al AIFA.

Una de esas medidas de castigo para México son las restricciones que ha emitido el Departamento de Transporte estadounidense a las aerolíneas mexicanas de presentar horarios de todas sus operaciones en EU y obtener la aprobación previa antes de realizar cualquier vuelo comercial o chárter, también se propone retirar la inmunidad antimonopolio a la empresa conjunta  Delta Air Lines con Aeroméxico

Sean Duffy, Secretario de Transporte, señaló que México no ha cumplido con el acuerdo bilateral desde 2022, cuando rescindió abruptamente los slots y obligó a las aerolíneas de aquel país a reubicar sus operaciones de carga.

No solo eso, sino que el gobierno de AMlO se comprometió a realizar las obras necesarias para aliviar la congestión con el AICM, pero que esto aún no se ha concretado, lo que ha dejado pérdidas millonarias a sus aerolíneas.

Como se aprecia, de un capricho de López al cancelar el aeropuerto de Texcoco (sin ninguna justificación técnica o presupuestaria y solo con mentiras sobre actos de corrupción que nunca se comprobaron y si en cambio, derivó en un daño patrimonial a la Nación) se causaron daños multifactoriales que le costó al país más de 500 mil millones de pesos, cifra que incluye el pasivo generado por los bonos que se dejaron de cubrir a sus tenedores, quienes invirtieron para fondear el proyecto del aeropuerto de Peña Nieto.

Además de estas pérdidas para el erario público, se dañó a las aerolíneas mexicanas y extranjeras que se vieron afectadas por el decreto de AMLO de llevar  sus operaciones al AIFA.

Mientras  que en Palacio Nacional desestiman las acusaciones que hace el  presidente Trump y sus principales colaboradores al gobierno mexicano por estar “petrificados ante los cárteles de la droga” y por ello, se toman todas las medidas que sean necesarias para que el gobierno de la presidenta Sheinbaum cumpla con su responsabilidad de acabar con los narcos y aliados incrustados en las filas de la 4T; La Casa Blanca no parará de castigar a México.

Los narcoterroristas mexicanos son una amenaza real a la seguridad interior de Estados Unidos y por ello  no descansará Trump en presionar para que el gobierno de la 4T haga su tarea y si no puede, pues ellos lo harán.

En este contexto, se entienden las  recientes acciones anti México contra productos nacionales, como el ganado, el jitomate, por supuesto todos los aranceles y ahora, la degradación aérea de vuelos mexicanos a USA.

 Las sanciones que impondrá la Secretaria del Transporte a México, representarán grandes pérdidas económicas a la flota aérea comercial mexicana, que de suyo, con AMLO-Sheinbaum no han podido recuperarse desde la crisis por Covid.

Vivimos en el México bizarro en donde todo sale al revés. De estar a unos meses de contar con un aeropuerto de talla mundial con la movilización de más de 50 millones de pasajeros al año, pasamos a tener terminales aéreas bananeras en la capital del país como son el AICM, AIFA y de refilón también le toca al de Toluca, ya que AMLO prometió que los tres iban a atender la demanda creciente de vuelos.

Todo resultó una mentira muy costosa para  los mexicanos, al igual que otras ocurrencias que tuvo el genio de Macuspana como la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya, Mexicana de Aviación, la Megafarmacia, sus bancos, universidades, gasera y todo lo que tenga el prefijo de “Bienestar”.

Cada vez que Sheinbaum levanta un tapete o abre un closet se encuentra con problemas heredados por su mentor.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.