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Desde San Lázaro. Adán, la manzana de la discordia. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

16 Jul 2025
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Desde San Lázaro. Adán, la manzana de la discordia. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/adan_augusto

Los problemas en el edén, no solo son causados por la inseguridad pública, sino también porque tres de sus hijos pródigos están en problemas por razones diferentes, pero que tienen un común denominador, pertenecen a la 4T. Uno es el mismo Andrés Manuel López Obrador, otro, Adán Augusto López y el tercero Javier May.

Vayamos al pleito  a “muerte” que se trae el pastor del ganado oficialista en la Cámara de Senadores contra  el gobernador de Tabasco en un desencuentro que viene de varios años atrás y que tuvo una de sus páginas más álgidas en el momento que AMLO decide que May fuera el candidato de Morena y aliados a la gubernatura del Estado, hecho que irritó de sobremanera a Adán Augusto a tal nivel que rompió relaciones con el gober incómodo y  enfrió la relación con Obrador.

Para limar asperezas, López Obrador fortaleció  su  “hermano” en la Segob y luego lo convenció con falsas expectativas, para convertirse en una corcholata presidencial  con reales posibilidades de ganar.

De inmediato, el entonces secretario de Gobernación saltó de su bajo perfil a encumbrarse a la palestra de los “próceres de la patria” (con una inversión multimillonaria en espectaculares y en encuestas, en todo el país que dejó boquiabiertos a propios y extraños, porque el costo de esa publicidad fue superior a los 50 millones de pesos) para disputar la candidatura a Claudia Sheinbaum y a Marcelo Ebrard.

El resultado final es de todos conocido, al colocar a López Hernández como líder del Senado  de la bancada morenista, (luego del berrinche del carnal Marcelo) y aprovechar esta posición para recomponer su proyecto político personal rumbo al 2030, otra vez alentado por el mesías.

Desde febrero de este año, al ex secretario de Seguridad de Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, hombre de todas las confianzas de Adán Augusto, se le giró una orden de aprehensión por delitos de delincuencia organizada por lo que se dio  a la fuga y ahora anda a salto de mata en vaya usted a saber en qué país del mundo,  con una equipaje muy pesado porque se le acusa de ligas con el grupo criminal la Barredora, ligado al CJNG.  

Adán, siendo gobernador de Tabasco ya tenía como uno de sus hombres más cercanos a Requena y luego cuando salió para integrarse al gabinete de AMLO, lo mantuvo en la Secretaria de Seguridad Estatal  en donde, por “extrañas coincidencias”, se desbordó la violencia y los índices delictivos en la entidad como nunca antes.

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que la inseguridad por la que atraviesa Tabasco se debe a la mano  de estos dos sujetos que aprovechándose de sus cargos construyeron una estructura criminal.

El Jefe del Ejecutivo Estatal, Javier May no solo tiene información privilegiada de la orden de aprehensión contra Bermúdez, sino que tiene la venia de la presidenta Sheinbaum para irse hasta las últimas consecuencias en las pesquisas,  en donde el nombre de Adán Augusto López salta en las imputaciones que obran en los expedientes.

Adán Augusto se siente intocable a tal nivel que se puede darse el lujo de injuriar a May, así como lo hizo con Ricardo Monreal o de retar a golpes en plena sesión a varios senadores de oposición y más aún, de apoyar las adelantadas  aspiraciones políticas, con todo el respaldo económico, de la senadora de Morena, Andrea Chávez para ganar la candidatura a la gubernatura de Chihuahua, su tierra natal, no obstante que, la propia presidenta de México, prohibió expresamente los aceleres.

Aquí, es cuando entra escena nuestro tercer personaje tabasqueño, quien tendrá que entrar al quite para apaciguar los ánimos de Adán Augusto y de Javier May e incluso tirar línea para que no  molesten a su “hermano” desde el gobierno federal.

Mientras que la doctora Sheinbaum apoya a May, AMLO respalda a Adán Augusto, por lo que el choque de trenes se avizora, aunque el resultado ya se anticipa con el manto de inmunidad e impunidad que cubrirá completamente a López Hernández y a su gente.

Para nadie es un secreto que los enfrentamientos fratricidas que se dan al interior de Morena será la tumba de esta franquicia, ya que el verdadero enemigo del partido en el poder son ellos mismos y sus ganas irrefrenables de poder rumbo a las elecciones intermedias de 2027 y por supuesto la elección presidencial

Ya se vislumbran entre las tribus y corrientes políticas que conforman el morenismo a varios grupos que intentan fortalecerse para tomar el control del partido, desde luego, con la venía de AMLO, quien ya empieza a dudar de las capacidades de su vástago y de su sucesora; o tal vez, con su perversidad, empinar a todos aquellos acelerados como el propio Adán.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.