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Arranca en Coahuila Programa de Suplemento Alimenticio para Ganado 2026 Destacado

28 Abr 2026
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Arranca en Coahuila Programa de Suplemento Alimenticio para Ganado 2026 Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/

En el marco de la Asamblea de la Unión Ganadera Regional de Coahuila, el gobernador Manolo Jiménez Salinas, acompañado por el secretario de Desarrollo Rural, Jesús María Montemayor Garza, dio el arranque oficial del Programa de Suplemento Alimenticio para Ganado 2026, una estrategia clave para fortalecer la actividad pecuaria en la entidad.

Este programa cuenta con una inversión total de 20 millones de pesos, bajo un esquema de participación conjunta en el que el 50 por ciento es aportado por el Gobierno del Estado y el 50 por ciento por los productores. Asimismo, se contempla que, en caso de sumarse aportaciones municipales, se dupliquen las toneladas entregadas y el número de beneficiarios.

A través de este esfuerzo, se proyecta la entrega de 2 mil 352 toneladas de alimento, beneficiando a 2 mil 200 productores de 38 municipios de Coahuila.

El programa está dirigido a productores de bovinos, caprinos y ovinos, quienes podrán acceder a suplemento alimenticio y concentrado, insumos fundamentales para mantener y mejorar las condiciones del ganado, especialmente en contextos de sequía o escasez de forraje.

El secretario de Desarrollo Rural destacó que este tipo de acciones responden al compromiso del Gobierno del Estado de seguir respaldando al sector ganadero.

“Con este programa fortalecemos directamente a los productores, asegurando alimento para su ganado y contribuyendo a la estabilidad de su actividad productiva. En Coahuila seguimos trabajando en equipo para que el campo no se detenga”, señaló.

Con este arranque, el Gobierno de Coahuila reafirma su compromiso de impulsar programas que brinden certidumbre, apoyo directo y mejores condiciones para el desarrollo del sector agropecuario en todas las regiones del estado.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.