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TEPJF modifica convocatoria para elección de consejerías del INE y fortalece condiciones de igualdad Destacado

31 Mar 2026
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TEPJF modifica convocatoria para elección de consejerías del INE y fortalece condiciones de igualdad Imagen tomada de: https://www.te.gob.mx/

La Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) modificó, por unanimidad de votos, la convocatoria emitida por la Junta de Coordinación Política (Jucopo) de la Cámara de Diputados para la elección de tres personas que ocuparán el cargo de consejerías del Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) en distintos aspectos, a fin de garantizar el acceso a los cargos en condiciones de igualdad, no discriminación y certeza jurídica.

 

En un primer asunto, a propuesta de las magistradas Mónica Soto Fregoso y Claudia Valle Aguilasocho y del magistrado Felipe de la Mata Pizaña, la Sala Superior resolvió modificar la convocatoria para que el Comité Técnico de Evaluación, a partir de la evaluación de las personas aspirantes, integre en cada una de las quintetas para cada cargo vacante una persona perteneciente a un grupo en situación de vulnerabilidad, por ejemplo, personas de la diversidad sexual, indígenas, afromexicanas, con discapacidad y migrantes. (SUP-JDC-154/2026 y acumulados).

 

En otros dos asuntos, el pleno analizó las impugnaciones presentadas en contra del requisito previsto en la convocatoria relativo a no haber sido registrados como candidata o candidato, ni haber desempeñado un cargo de elección popular en los cuatro años previos a la designación.

 

A propuesta de la magistrada Claudia Valle Aguilasocho (SUP-JDC-149/2026 y SUP-JDC-151/2026 acumulados) y del magistrado presidente, Gilberto Bátiz García (SUP-JDC-150/2026), el pleno de la Sala Superior resolvió vincular a la Jucopo, para que de inmediato emita un acuerdo modificatorio en el que se establezca expresamente que el requisito consistente en no haber sido registrada o registrado como candidata o candidato a un cargo de elección popular no resulta aplicable a las personas que hayan participado como candidatas en elección de personas juzgadoras al concluir que dicho requisito únicamente resulta aplicable a candidaturas de naturaleza político-partidista y no comprende a las postulaciones derivadas de procesos de elección de personas juzgadoras.

 

Asimismo, la Junta de Coordinación Política deberá garantizar la máxima publicidad y difusión de dicha precisión durante 48 horas, a fin de asegurar, en la medida de lo posible, que todas las personas interesadas en participar cuenten con información clara, completa y oportuna respecto del alcance del requisito referido.

 

En un asunto más, a cargo del magistrado Felipe de la Mata Pizaña, el pleno del Tribunal Electoral resolvió diversos juicios promovidos por personas con doble nacionalidad y por naturalización, quienes impugnaron la convocatoria al considerar que la exigencia de contar exclusivamente con nacionalidad mexicana constituía una restricción discriminatoria.

 

El pleno determinó inaplicar el requisito requerido para ser consejera o consejero electoral del INE, consistente en no contar con otra nacionalidad aparte de la mexicana, dispuesto en la fracción a), del numeral 1, del artículo 38 de la LGIPE y modificar la convocatoria correspondiente para permitir la participación de personas con doble nacionalidad (SUP-JDC-142/2026, SUP-JDC-152/2026, SUP-JDC-159/2025 y SUP-JDC-160/2026 acumulados).

 

En consecuencia, la Sala Superior modificó la convocatoria impugnada en sus distintos componentes, con el propósito de garantizar condiciones de igualdad sustantiva, eliminar restricciones discriminatorias y precisar el alcance de los requisitos aplicables, en apego a los principios constitucionales que rigen el acceso a la función pública electoral.

 

Con información de: https://www.te.gob.mx/

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.