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Siguen llegando grandes inversiones a Coahuila: Manolo Destacado

30 Mar 2026
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Siguen llegando grandes inversiones a Coahuila: Manolo Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/
  • Detonan inversión de 800 millones de pesos y cientos de empleos en la Laguna

Apuntalando su compromiso por seguir generando las mejores condiciones para la llegada de más inversiones, el gobernador Manolo Jiménez Salinas acompañó a directivos de la empresa Flowserve GTec en la inauguración de sus instalaciones.

"En Torreón inauguramos el nuevo centro de ingeniería y manufactura avanzada de Flowserve, una inversión de 800 millones de pesos que fortalece el desarrollo industrial de Coahuila, generando cientos de nuevos empleos para nuestra gente. Seguimos consolidando a la región Laguna como un motor clave de crecimiento, con más inversiones, más oportunidades y mejores condiciones para seguir avanzando", destacó el gobernador.

Flowserve es una empresa de capital estadounidense, dedicada a la producción de equipos para la gestión y control de fluidos, especializado en bombas, válvulas, sellos mecánicos y sistemas de automatización.

Manolo Jiménez reiteró que Coahuila es aliado de todos aquel que quiera invertir, trabajar o emprender en nuestro estado, por lo que su administración, en equipo con los municipios, trabajan por generar las mejores condiciones para que las y los inversionistas confíen en nuestro estado como destino de sus recursos.

“Las empresas instaladas en Coahuila no hacen más que crecer, y eso es porque aquí hay certeza para el inversionista, hay estado de derecho, estabilidad laboral, las y los mejores trabajadores del país, una gran vinculación entre el empresariado, la parte académica y el gobierno”, agregó.

Expresó que Coahuila tiene un factor que es muy importante, al ser uno de los estados más seguros del país, “aquí mandamos las instituciones”, mencionó.

En ese sentido, recordó que en días anteriores y en los que vienen han estado y seguirán anunciando inversiones en Coahuila, a pesar del panorama de incertidumbre a nivel global.

Jiménez Salinas destacó que Coahuila es un gran estado que tiene los mejores indicadores a nivel nacional entre los que mencionó el primer lugar en producción de automóviles y de autopartes del país; el principal productor de carros de ferrocarril; el principal productor de leche; el principal productor de cerveza de importación; y uno de los mejores en la producción de vino, entre otros tantos. 

Agradeció a los empresarios de hospedaje industrial por ser parte de la estrategia de desarrollo económico y de promoción económica de Coahuila, así como a los directivos de Flowserve por confiar en nuestra entidad.

Luis Olivares Martínez, secretario de Economía expresó que ante los anuncios de inversiones e inauguración de nuevas empresas que se han estado realizando, en Coahuila el trabajo se mide con hechos y que las decisiones que se toman están dando resultados.

Agregó que, con la inauguración de Flowserve, se fortalece una región, se amplían las capacidades y se abre una nueva etapa de crecimiento para La Laguna.

Por su parte, Sandra García Ardil, vicepresidenta de bombas industriales, agradeció al Gobierno de Coahuila y a las autoridades locales y regionales, por su respaldo que ha sido imprescindible para este proyecto.

“El trabajo conjunto ha sido esencial para alcanzar este resultado”, mencionó.

Román Alberto Cepeda González, alcalde de Torreón mencionó que la inauguración de Flowserve es importante para su municipio porque se generan más empleos, hay más inversión y que esto tiene que ver con la seguridad que se vive en el estado.

“Seguiremos trabajando en coordinación, en unidad y con una gran estrategia”, expresó.

Acompañaron al gobernador en este evento, además, Miguel Mery Ayup, magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia; Felipe González Miranda, diputado local; Miguel Ángel Ramírez López, alcalde de Matamoros; Miguel de la Parra Martínez, director de estrategia; Guillermo Vaquerizo Virto, director global de Manufactura; Segundo Treviño Sepulveda, director general de Grupo Inmobiliario del Norte; Julio Villalobos Díaz de León, presidente del Parque Industrial Centenario.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.