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Desde San Lázaro. Estrategia fallida ante Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

12 Ene 2026
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Desde San Lázaro. Estrategia fallida ante Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

Luego de la extracción ilegal del sátrapa Nicolás Maduro por parte de las fuerzas militares de Estados Unidos, en Palacio Nacional entraron en una especie de pánico ante la eventual réplica del operativo para detener en territorio nacional a un capo de la droga, o peor aún, a algún miembro connotado de la 4T y por ello, la presidenta Sheinbaum lleva días advirtiendo sobre el respeto a la soberanía, sin reparar que los narcoterroristas mexicanos y su connivencia con funcionarios mexicanos han fortalecido el trasiego de drogas sintéticas a EU, en particular de fentanilo, atentando con ello en contra de la seguridad interior de la Unión Americana.

Desde luego, no existe justificación alguna para que la Fuerza Delta despliegue algún operativo en el país, pero ante la belicosidad del presidente norteamericano y la proclividad de AMLO-Sheinbaum con los narcotiranos de la región como el mismo Maduro y Miguel Díaz Canel, pues el propio gobierno mexicano se ha puesto la espada de Damocles encima y no dude estimado lector, que, aun violando todas las disposiciones internacionales en la materia, existen grandes probabilidades que ocurra una acción militar estadounidense en México.

El flujo de petróleo mexicano a Cuba, no obstante la existencia del bloqueo comercial, no tiene antecedente alguno en nuestro país con el actual gobierno, quien ha superado la venta o “donación” del hidrocarburo a la Isla, en comparación, incluso a lo que mandaron López Obrador, Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, juntos

De acuerdo a información de la empresa Kpler, especializada en comercio mundial, En el último año, se han enviado 17 millones de barriles de petróleo mexicano a Cuba, cuyo monto de 1 mil 91 millones de dólares convirtieron a Pemex en el proveedor más relevante del hidrocarburo, incluso más que Venezuela.

La dictadura cubana se sostiene gracias a Claudia Sheinbaum.

Ese amasiato pernicioso entre la 4T y los enemigos de los gringos genera un ambiente muy hostil en la Casa Blanca en contra de la doctora que afecta de forma considerable la relación bilateral y toda la agenda que existe entre ambos gobiernos, tanto en  temas de seguridad, como comerciales y geopolíticos.

En lugar de corregir esa postura alineada al Foro de Sau Paulo, la mandataria mexicana insiste en mantener su proclividad izquierdista anti gringa, sin considerar que ello afecta su gestión y, sin exagerar a todos los mexicanos, porque todas las medidas que emprende Trump para castigar a su contraparte mexicana, daña la economía, la creación de empleos, la generación de impuestos y todos los indicadores macroeconómicos como el PIB.

La ideología y la sumisión ante Palenque comprometen la gestión de la primera mujer presidenta.

Si el gobierno de AMLO fue un desastre económico y en materia de seguridad pública, entre otros tantos rubros, con el actual gobierno se vislumbra algo peor, no solo por la herencia maldita que le dejaron a la presidenta, sino porque ella insiste en respetar la cadena de mando que viene de Tabasco.

El asunto es muy sencillo, si se insiste en construir el segundo piso de la transformación sin romper el cordón umbilical que ata a la discípula  con su mentor, pues el fracaso está a la vista, porque el presidente Trump no se detendrá en mantener  alineado a fuerza al gobierno mexicano.

Decíamos en otra colaboración, que a regañadientes México se ha doblado ante todas las peticiones de la Casa Blanca y ello de suyo, revela un enturbiado sospechosismo sobre la información clasificada del Chapo Guzmán y sus hijos, además del Mayo Zambada, entregada a las agencias de inteligencia y de drogas  salpica incluso al propio AMLO y a uno de sus hijos.

Por desgracia para México, estamos sujetos a las posturas ideológicas de AMLO que tanto daño han provocado en los últimos siete años al país y como van las cosas continuará la debacle por otros cinco años más.

Mientras tanto, seremos testigos en los próximos días del llamado subrepticio desde Palacio Nacional a hacer realidad el himno mexicano para defender la soberanía, aunque en la cruda realidad ante un estornudo de Trump a su contraparte mexicana le dará una pulmonía.

Está en las manos de Claudia Sheinbaum el destino del país y de su propio legado, tan solo es cosa de armarse de valor y tener altura de miras para romper con el gran tlatoani y dejar de encubrir las fechorías en que incurrieron tanto él mismo, como algunos cercanos cuando ostentaron los mayores cargos políticos y de administración.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.