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Desde San Lázaro. Un Año De Claroscuros. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

01 Oct 2025
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Desde San Lázaro. Un Año De Claroscuros. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

Con sus matices, pero el año de gobierno de la presidenta Sheinbaum ha sido muy similar al de su antecesor, sobre todo en hacer de la mentira y medias verdades la piedra angular del ejercicio del gobierno.

Los datos duros que presentan son sesgados, ya que por ejemplo, señalan que bajaron los homicidios dolosos, pero no dicen nada del incremento de las cifras de desaparecidos; se menciona que ya  casi no hay desabasto de medicamentos, pero omiten señalar que los incumplimientos son culpa de proveedores extranjeros, o por el rechazo de los insumos médicos por parte de los almacenes del sector salud, o más grave, porque no se les paga a los laboratorios.

Tanto Pemex como el IMSS-Bienestar, o el ISSSTE, entre otros organismos,  contratan servicios y compran productos, pero no pagan.

Cuando se menciona al inédito endeudamiento que se ha hecho en los gobiernos de la 4T, la mandataria menciona que es culpa de  Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto.

Presume del nuevo Poder Judicial que ahora es del pueblo, pero omite señalar que hubo un nivel abstencionismo del 90 por ciento en la elección y el 10% restante de los empadronados que votaron  lo hicieron  con el acompañamiento de la música de los acordeones que implicó un fraude electoral sin igual en la historia democrática de México.

Con las reformas a la Ley de Amparo se fortalece el autoritarismo al dejar en total estado de indefensión a los ciudadanos ante el avasallamiento del  poder público.

Los derechos humanos de los mexicanos quedarán en entredicho.

Presumen que ya no hay corrupción cuando ha salido a la luz todo el asunto del huachicoleo fiscal que implicó en una primera evaluación, un daño al erario  de más 500 mil millones de pesos, además de muertos, desaparecidos y fugas de varios delincuentes, amén de que los peces gordos siguen despachando en el senado o disfrutando de lo mal habido en sus haciendas.

Si no fuera por el gobierno de Donald Trump, conoceríamos  muy poco de los narcopolíticos incrustados en la médula de la 4T o de las fechorías de los hijos de AMLO.

Siempre sale a la luz toda la mierda y así seguirá brotando por las alcantarillas del oficialismo, porque existen demasiadas evidencias e información en poder de las agencias de investigación e inteligencia de Estados Unidos que no descansarán hasta poner tras las rejas a todos esos narcoterroristas que atentan contra la seguridad interior de ese país.

Todo es tapadera y complicidad mientras no se demuestre lo contrario.

Elogio en boca propia es vituperio. Las cifras alegres del gobierno de la Cuarta Transformación son  muy lejanos a la modestia y a la autocrítica.

Vivimos en un México irreal construido en el aire desde Palacio Nacional.

El vórtice de la popularidad de la mandataria está compuesto por el regalo de dinero público a la población y párele de contar, porque no hay nada más que presumir.

Por supuesto, el viraje de la estrategia en materia de seguridad pública representa un gran avance al contrastarlo con el  “abrazos no balazos”, de AMLO, que fue una claudicación del gobierno para empoderar a los criminales que aún mantienen el control en buena parte del territorio nacional.

 De igual manera, el nombramiento de Omar García Harfuch ha sido un gran acierto de la presidenta, aunque requiere todavía más apoyo presupuestal e institucional para continuar la cruzada contra los criminales.

Lo hemos dicho en otras ocasiones, la gestión de la primera mujer presidenta podría ser muy exitosa en tanto  se quite la cadena de mando que viene desde Palenque.

Mientras no rompa con su mentor, sobre todo en llevar ante la justicia a esos funcionarios públicos de la 4T que han violentado la ley, pues el ejercicio de gobierno será muy limitado por la complicidad y la sumisión.

Ya pasó un año y ya padeció la doctora  lo que significa trabajar sin los márgenes de  maniobra económicos y presupuestales para emprender nuevos proyectos y corregir todo el desbarajuste que le heredaron y por desgracia seguirá así por el resto de su sexenio. Con un déficit fiscal creciente y con contratación de más deuda a un costo exorbitante, a tal nivel que el próximo año se pagaran 1.7 billones de intereses, no es posible revertir la pobreza y la marginación.

Se ahuyenta la inversión con un estado de derecho endeble y a modo del gobierno.

 AMLO repitió hasta el cansancio que ya habíamos alcanzado la soberanía energética cuando se importan más gasolina y gas de los que produce el país, pero eso que importa, si lo relevante es insistir en la mentira para que el pueblo bueno y sabio se trague el anzuelo, aunque con una carnada muy amarga, ya que el costo por litro de gasolina es de 24 pesos por litro, más cara que en Estados Unidos y Canadá.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.