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La labor de los trabajadores sociales es crucial para una verdadera transformación Destacado

01 Sep 2025
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La labor de los trabajadores sociales es crucial para una verdadera transformación Imagen tomada de: https://snte.org.mx/
  • La labor de los trabajadores sociales es crucial para una verdadera transformación de la escuela pública, afirmó el secretario general del SNTE, maestro Alfonso Cepeda Salas.

Al reconocer a quienes ejercen esta profesión, en el marco del inicio del Ciclo Escolar 2025-2026, el dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) expresó que son una figura clave para fortalecer la vinculación entre la escuela y su entorno.

“Estoy seguro que en el modelo educativo de la Nueva Escuela Mexicana los trabajadores sociales tienen mucho que hacer, junto con los maestros, para reforzar campañas y programas que resuelvan problemas concretos de las comunidades, ayudar a reducir los riesgos de violencia e inseguridad, mejorar la salud física y psicológica de estudiantes y sus familias, construir espacios seguros para la cultura y el deporte”.

Cepeda Salas subrayó que, en contextos marcados por la marginación, la pobreza o la violencia, la mediación de la o el trabajador social adquiere un valor estratégico. “Pueden convertirse en el enlace profesional entre las escuelas, las familias y las comunidades, especialmente para atender privaciones socioeconómicas y vulnerabilidades derivadas de la migración, el desplazamiento forzado o los efectos de la inseguridad”.

Asimismo, destacó su importancia en las escuelas de Educación Especial, donde juegan un rol importante para la detección, inclusión y atención de problemáticas que enfrentan niñas, niños y adolescentes con necesidades especiales.

Ante más de mil 200 trabajadoras y trabajadores sociales de la Ciudad de México, reunidos para celebrar su día, conmemorado el pasado 21 de agosto, el maestro Cepeda Salas reiteró que el SNTE seguirá luchando por mejores condiciones laborales, pero también de retiro, para lograr pensiones dignas. Informó que se mantienen las negociaciones con funcionarios de primer nivel, para llegar a un acuerdo que beneficie a todos los trabajadores del Estado que se jubilen.

En su intervención, el secretario general de la Sección 11, Emilio Ortiz Amaro, agradeció al líder nacional del Sindicato por el respaldo brindado al Personal de Apoyo y Asistencia a la Educación.

“Su acompañamiento es prueba inequívoca del respaldo que da a todos los agremiados a esta gran organización sindical”.

Dio a conocer que la dirigencia seccional gestiona, ante las autoridades correspondientes, soluciones a la problemática pendiente, como la regularización de pagos y nombramientos de quienes realizan la función de trabajo social, el reconocimiento del concepto de quienes ya ostentan la licenciatura, además de la atención a otras prestaciones.

“Si queremos una escuela pública con sentido humano y transformador, necesitamos incorporar profesionales que ayuden a mirar más allá del aula y conectar con la realidad que viven nuestras niñas, niños y jóvenes”, enfatizó.

En la ceremonia estuvieron los secretarios generales de las secciones 9, 10 y 60 del SNTE, Ulises Chávez Tenorio, Arturo Alejandro Salazar Lara y Carlos Gómez Rodríguez, respectivamente.

Acudió también el profesor Francisco González Mena, coordinador del Colegiado Nacional de Negociación y representante del Comité Ejecutivo Nacional en la Sección 11.

Asistieron, además, autoridades educativas, encabezadas por Juan Carlos Cummings García, director general de Administración de la Autoridad Educativa Federal en la Ciudad México.

Con información de: https://snte.org.mx/

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.