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GP de Países Bajos - Volvemos al ruedo. Por: Arturo Cardeño Gama Destacado

29 Ago 2025
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GP de Países Bajos - Volvemos al ruedo. Por: Arturo Cardeño Gama Imagen tomada de: https://x.com/F1

Este es un circuito que suele ser entretenido. No es fácil de predecir, y por ello en temporadas anteriores hemos tenido la incógnita de quién será el ganador. Con curvas cerradas, estrechas, es complicado dar un pronóstico y saber quién se beneficiará de esas condiciones. Estamos regresando del parón veraniego donde los pilotos refrescan y reavivan sus ganas por correr. Tuvieron un tiempo corto para distraerse y disfrutar de sus vacaciones, sin embargo, vuelven a la realidad de lidiar con estrategias, equipo, imprevistos, etc.

McLaren está en la cima. Desde nuestro punto de vista, creemos que no hay equipo que pueda bajarlo del primer puesto. Hoy en día la competencia es interna. Entre Óscar Piastri y Lando Norris está el nuevo campeón de la categoría madre. Es momento de analizar quién tiene más apoyo y quién tiene más oportunidades.

Gracias al estilo de manejo de Lando podríamos asegurar que él se va a llevar esta carrera, apretando así el campeonato de pilotos. Es importante no dejar de lado que Piastri es un piloto que se sabe ajustar a casi cualquier tipo de circuito. Es un piloto que sabe ajustar su coche y sabe ajustar su estilo de manejo a las necesidades de la pista. Además, el auto que maneja hoy en día el equipo británico es una bala.

No obstante, hay equipos que todavía tienen el sueño de pelear por cualquiera de los dos campeonatos. Mercedes es uno de ellos. Con un coche bastante bueno y con estrategias que realmente le han beneficiado en carreras anteriores, es posible que el equipo alemán pueda defenderse este año y pueda obtener un buen resultado en Holanda. Ambos pilotos son muy rápidos, pero creemos que quien más podría tener el apoyo, sería George Russell. Aunque Antonelli es un piloto demasiado veloz, sigue siendo novato dentro de la categoría, y esto le ha perjudicado en algunas tomas de decisiones. Al inicio de temporada parecía un piloto un poco más maduro, valiente y duro. Hoy vemos que sigue siendo un piloto en desarrollo que tiene casta de campeón, pero aún es muy joven.

Nunca podemos olvidarnos de Max. El león holandés casi nunca defrauda en su carrera de casa. Es un hecho que será parte de los competidores más fuertes este fin de semana, pero lamentablemente no tiene un coche poderoso para garantizar que esté en los primeros puestos.

Por su parte, Ferrari viene de atrás buscando rascar puntos. Tiene una plantilla de ensueño pero no han sabido administrarla ni aprovecharla. Era imposible imaginar que Charles y Hamilton tuvieran tan mala temporada. El primero un piloto joven con clara casta de campeón, con ilusiones y fuerza para competirle a quien sea. El segundo un piloto veterano pero multicampeón de la F1. Es probablemente el mejor piloto que ha dado este deporte y aún así no ha podido sacar resultados. Es triste ver a la escudería italiana en esta posición.

Haremos una mención al esperado regreso de Checo Pérez a la parrilla, de la mano con la nueva escudería, Cadillac. Buscará tener un regreso glorioso, sin embargo, pondremos los pies sobre la tierra y dejaremos el fanatismo de lado. Llega a una escudería en desarrollo que busca un proyecto a futuro más que a presente. El equipo americano se enfocó en buscar pilotos que le puedan dar un coche y una base para tener una plantilla más joven en los próximos años. Es claro que Sergio sabe esto y está tomando la decisión pensando en retirarse en un lapso corto. Bottas está en las mismas circunstancias, buscando tener oportunidades de retirarse siendo un piloto titular. Por otro lado, con esta plantilla y si el equipo hace un buen trabajo, podría rascar puntos muy importantes y tal vez algunos podios. No queremos ilusionarnos, pero es momento de ver qué pasa.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.