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Desde San Lázaro. Sometidos. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

27 Ago 2025
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Desde San Lázaro. Sometidos. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com

Las expectativas sobre las declaraciones del Mayo Zambada han quedado en  la generalización sobre su colusión con funcionarios, militares y policías , en los últimos 45 años, lo que significa que existe una articulación de acciones entre la fiscalía de Estados Unidos, la Corte de Distrito de Brooklyn y el capo (a través de su abogado, Frank Pérez) de no citar los pormenores del acuerdo que tuvo  con los fiscales, ya que estos, en mi opinión, los manejará el presidente Donald Trump a su conveniencia para obligar a México a cumplir con su parte de someter a los grandes capos de la droga y sus cómplices incrustados en altas esferas del gobierno mexicano, además de lograr otros objetivos políticos y comerciales.

El jefe del capo del Cártel de Sinaloa no precisó nombres o cargos de los personajes que sobornó durante 45 años y sus abogados advirtieron que no lo haría posteriormente, además de que negaron haber llegado un acuerdo con Washington para relevar las identidades de los funcionarios que tuvo en su nómina.

No existe ninguna duda de que, contrario a lo que declaró el abogado de uno de los capos más sanguinarios del planeta, el criminal dio una lista de nombres a la fiscalía de EU  de funcionarios mexicanos que recibieron sobornos para poder  continuar su actividad delictiva sin que nadie osará detenerlo.

El haberse salvado de la pena de muerte y de evitar un juicio con declarantes y testigos, significó una tabla de salvación para el criminal y ello lo alcanzó no por su buena voluntad de cooperar, sino evidentemente por  señalar a esos funcionarios mexicanos, militares y policías que se coludieron con él.

EL júbilo que predominó en el gobierno de Donald Trump al calificar la declaración de culpabilidad de Ismael Zambada, como una victoria histórica además de reiterar de que  “es la demostración de que nadie está lejos de nuestro alcance”, contrastó notablemente  con el ambiente que se vivió en Palacio Nacional, en donde solo se repitió a la declaración de que si tienen pruebas de a quien le daba dinero, pues que  las presenten ante la Fiscalía General de la República.

La Fiscal General de la Unión Americana, Pam Bondi, advirtió que el  “Mayo morirá en una prisión federal estadounidense, donde pertenece. Este terrorista extranjero cometió crímenes atroces contra el pueblo estadounidense, ahora pagará como si estuviera en el corredor de la muerte”.

Si no se hubieran llevado  al Chapo Zambada al otro lado de la frontera para que los gringos lo capturaran, en estos momentos, el capo seguirá en sus criminales actividades con la protección del gobierno federal, estatal y municipal, todos bajo el control de Morena.

El fondo de todo este asunto y sus repercusiones en la relación entre ambos países son de alto impacto, porque habría que recordar que una de las banderas políticas de Donald es hacer todo lo necesario para frenar el tráfico de drogas sintéticas como el fentanilo y de aniquilar a los capos de droga que atentan contra la seguridad interior y por ello se declararon a los capos como terroristas, lo que avala el combate hacia ellos en cualquier parte del orbe.

La manifestación de fuerza de la marina de EU en las costas venezolanas responde a esta lógica al perseguir a Nicolás Maduro por estar inmiscuido con el Cártel de los Soles y no dude estimado lector, que no se descansará hasta cumplir con anular a este objetivo.

La migración ilegal es otra de las promesas de campaña que  avanza con operativos salvajes que atentan contra los derechos humanos y con el apoyo de las fuerzas militares de México para frenar a las caravanas de inmigrantes que buscan alcanzar el sueño americano.

El mandatario norteamericano mantendrá la presión comercial y arancelaria contra México, prácticamente por lo que resta de su segunda administración y más si se empecinan en defender a  funcionarios y familiares de AMLO, ante  lo es más que evidente.

Hay que decirlo con todas sus letras,  el sartén por el mango lo tiene Trump en su negociación con México en diversos temas como la renegociación del T-MEC y de otros asuntos que buscará el magnate inmobiliario  dominar para mostrar músculo ante los electores de la Unión Americana a quienes se les ha vendido la idea que el gobierno mexicano está sometido a sus designios.

Hay que observar que el discurso político de ambos presidentes varía conforme a los auditorios a los que se dirige, ya que, por ejemplo,  en la mañanera, se defiende a ultranza el nacionalismo y la soberanía sobre acuerdos con la DEA o de impedir el acceso a las agencias de inteligencia o fuerzas militares a territorio nacional; en tanto, en los acuerdos en corto, los negociadores mexicanos están sometidos plenamente ante sus contrapartes norteamericanos.

La mención de algunas estrofas del himno nacional son patadas de ahogado en un escenario que ni las manifestaciones públicas contra el imperialismo yanqui, podrán impedir lo que es inevitable; la persecución y captura de esos narcopolíticos de la 4T.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.