Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Como veo, doy. Nuevo sistema de partidos sin los vicios actuales. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Destacado

11 Ago 2025
229 veces
Como veo, doy. Nuevo sistema de partidos sin los vicios actuales. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Imagen tomada de: https://x.com/Canal22
  • “Nuevo sistema de partidos sin los vicios actuales”, plantea Pablo Gómez para la reforma política-electoral.
  • Urgen reglas por consenso, sin dogmas, sin perjuicios. 

Aunque con diferentes ópticas, en la vida política del país hay un tema recurrente en sus mesas de diálogo y de análisis con la ciudadanía. Por un lado, se habla de una reforma política para establecer nuevas reglas electorales y, por otro, simplemente se habla de eliminar la figura de los llamados senadores y/o diputados pluris.

Lo cierto es que en todo este mundo de ideas el reloj para lograr las reformas constitucionales sigue avanzando y, al parecer, su tiempo de maduración será solo hasta, a más tardar, los primeros días del inicio del segundo periodo ordinario de sesiones del segundo año de ejercicio de la LXVI Legislatura del Congreso de la Unión, es decir por ahí de febrero o marzo del año 2026, lo anterior si se toma en cuenta que el artículo 105 de la Constitución establece que una vez iniciado el proceso electoral, como también lo establece la Ley General de Procesos Electorales, no podrá modificarse ningún aspecto en la legislación electoral y para que eso suceda solo queda un año de negociaciones antes del año electoral 2027.

Por lo pronto, desde el Ejecutivo federal se ha anunciado la creación de una comisión que se encargará de redactar una iniciativa de ley que reforme el actual ordenamiento electoral. El encargado de coordinar los trabajos del nuevo organismo será el ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda, Pablo Gómez Álvarez, quien de entrada ha planteado crear un nuevo sistema de partidos sin los vicios actuales y llamó a abrir un debate sin prejuicios.

El dicho de Gómez Álvarez suena bien, digamos que hasta lógico ante la demanda insistente de grupos políticos y de la academia los cuales insisten en hacer llamados a la sociedad para que, desde una perspectiva de participación ciudadana, se construya una reforma política ad hoc a los tiempos de una democracia moderna y no solo se le impulse desde una visión de partico único o hegemónico.

“Es el sistema de partidos el que tenemos que resolver. Inventemos uno nuevo, sin los vicios que hay ahora, con el propósito de que los partidos sean más responsables, sobre todo frente a sus propios afiliados, a quienes dicen representar y que de repente no representan en absoluto”, ha declarado Pablo Gómez ya como titular de la nueva comisión para la reforma electoral, ahora solo falta ver que tanto le deja hacer el partido en el poder y sus aliados, y ver también que tanto interés logran poner los partidos de oposición en este tema, porque de entrada no están de acuerdo en la eliminación de los pluris.

LAS CARTAS HABLAN: En junio de 2019, apenas un año después de que Morena asumiera las riendas del Ejecutivo federal, en ese entonces el coordinador del Grupo de Trabajo para la Reforma del Estado y Electoral, diputado Sergio Carlos Gutiérrez Luna (Morena), expresó que las reglas del proceso electoral deben ser consensadas, sin dogmas, sin perjuicios, sin vulnerar instituciones ni procesos, y con parámetros que se orientan sobre la austeridad.

Durante una mesa de trabajo con Consejeros de los Organismos Públicos Electorales Locales (Oples), Gutiérrez Luna destacó que la intención de generar esquemas de austeridad no tiene destinatarios, ni hay ningún interés oculto de revisar lo que ha sido el encarecimiento de la democracia, pero sin ponerla en riesgo.

Que conste, se habló de consensos, sin dogmas y sin vulnerar instituciones ni procesos. Ojalá que en esos términos llegue la reforma electoral que viene.

VA MI RESTO.- Cualquier tema que se incluya como propuesta de reforma constitucional, como en este caso sería la electoral, se requerirá del visto bueno de las dos terceras partes o, lo que es lo mismo, de una mayoría calificada del Congreso de la Unión, sea en periodo ordinario o extraordinario de las cámaras de senadores y de diputados, y luego tendrá que recorrer los estados donde se requeriría la aprobación de la mitad más uno de los congresos estatales.

VA MI RESTO.- Sea cualquiera que sea la nueva fórmula que rija los procesos electorales venideros, es un hecho que en una gran parte de la opinión pública permea la idea de que, por muy costosa que resulte la fórmula, siempre será mejor eso como un mecanismo para fortalecer nuestro sistema de democracia a que se utilicen acordeones o desde grupos de poder o de la delincuencia organizada se impongan los candidatos que deban ser electos, por eso cuando se habla de consensos, de abrir debates, de eliminación de vicios y de la creación de un nuevo sistema de partidos, en verdad que anima la idea de una nueva reforma electoral, porque ante vicios de ayer y hoy creo que lo más conveniente será probar nuevas reglas electorales para que los partidos políticos, todos, sean más responsables, y hasta ahí porque como veo doy.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.