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Como veo, doy. Alito sí es culpable. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Destacado

04 Ago 2025
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Como veo, doy. Alito sí es culpable. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Imagen tomada de: https://x.com/alitomorenoc
  • Alito sí es culpable.
  • Presentan segunda solicitud para quitarle el fuero legislativo.

 

Vaya momento el que está viviendo el dirigente nacional del otrora poderoso Partido Revolucionario Institucional, por un lado, la semana pasada, el presidente de la Sección Instructora de la Cámara de Diputados, Hugo Eric Flores Cervantes, informó que la primera declaratoria de procedencia en contra del senador y dirigente del PRI, Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, se cerró oficialmente, ya que la Fiscalía Especializada de Combate a la Corrupción del Estado de Campeche desistió del juicio de procedencia que existía contra dicho personaje, sin embargo el legislador también informó de la apertura de un nuevo proceso ya que la misma Fiscalía estatal presentó una segunda solicitud de desafuero en contra del priista.

En el entendido de que las leyes mexicanas sentencian que nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo delito, los delitos por los que ahora pretenden desaforar al legislador y dirigente del partido tricolor son por: usurpación de funciones, peculado, uso indebido de atribuciones y facultades, abuso de autoridad y exceso en el ejercicio de sus funciones cuando fue gobernador en Campeche.

“Esta nueva denuncia ya fue ratificada y contiene elementos distintos a los del juicio anterior. Hoy mismo (viernes) se notificará al senador Alejandro Moreno de la existencia de esta solicitud. No estamos hablando aún de admisión, sino simplemente de informarle que hay un nuevo expediente”, puntualizó el legislador Eric Flores.

Por lo que se observa, dado que al senador “Alito” no le pudieron probar delitos relacionados con corrupción y enriquecimiento ilícito, entre otros en los que enfrentó su primer denuncia y solicitud de desafuero, los que saben del tema señalan que no es que con el cierre de ese juicio lo hayan declarado culpable sino que se cerró por errores de procedimiento en un cateo que se le realizó a su domicilio, pero siguen existiendo dudas de su inocencia en la cosa juzgada y como dicen los abogados “suponiendo sin conceder” que no sea culpable de los delitos por los que antes y ahora se le acusa, hay cosas en la que de plano no se puede declarar inocente o no culpable.

Es culpa de Alito haber dividido a los cuadros dirigentes del PRI, y en eso la militancia y los simpatizantes de dicho partido no olvidan que en agosto de 2019 el ahora dirigente nacional fue electo por un periodo de cuatro años y su encargo debió concluir en 2023, pero promovió cambios a los estatutos de esa organización política y fue reelecto para un nuevo periodo que incluso lo podría llevar más allá del año 2028, si es que aún no pierde el registro nacional su partido.

Es culpa de Alito, por ser un mal dirigente, ir de derrota en derrota en los últimos procesos electorales, sobre todo si se considera que cuando tomó posesión del CEN priísta, recibió la encomienda acompañado de 14 mandatarios estatales provenientes de su partido y hoy de gobernadores solo hay presencia en Coahuila y Durango, y no se diga de bancadas legislativas muy, pero muy, disminuidas, con la incapacidad a cuestas de en la elección de 2024 de no haber podido ganar ni una sola diputación de mayoría. De todo eso si es culpable. ¿Qué no?

LA CARTAS HABLAN.- Durante la gestión de Alito como dirigente nacional del PRI, se alejaron figuras políticas como el actual senador Manlio Fabio Beltrones y Dulce María Sauri Riancho, por mencionar algunos que solo tomaron distancia de su dirigente, pero también han habido salidas importantes de personalidades que incluso fueron cuadros dirigentes de relevancia en el tricolor y ahí podemos mencionar a mujeres como Claudia Ruiz Massieu o Ivonne Ortega Pacheco, ahora legisladoras por el Partido del Movimiento Ciudadano.

También de esos desplazamientos es culpable Alito, ya que en la distribución de candidaturas primero ha sido él y luego sus cuates, todo ello muy fácil de probar, ya que, como diputado y senador, en 2021 y 2024, respectivamente, ocupó el número uno de las candidaturas plurinominales o también conocidas como candidaturas de “lista”. 

VA MI RESTO.- No hay duda, si a Alejandro Moreno lo acusan es por algo y aunque tal vez la justicia no lo alcance por el fuero del que goza, y aunque por segunda vez la sección instructora de la Cámara de Diputados pudiera dar entrada a la solicitud de desafuero, es probable que, por lo años que han pasado desde que Alito fue gobernador en Campeche, las huellas y/o elementos de probanza hayan desaparecido, prescrito o borrado de los archivos oficiales, pero de algo que jamás podrá decirse inocente o no culpable es que, a pesar de ser mal dirigente y de entregar malas cuentas electorales a la militancia de su partido, se ha empeñado en privilegiar interese personales y para ello se ha rodeado de cuadros dirigentes afines a su persona, en otras palabras, se agandalló recursos y la estructura del cascarón de lo que es hoy el otrora poderoso PRI, de eso si es culpable el controvertido Alito, y hasta ahí porque como veo, doy.


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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.