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Desde San Lázaro. Está sola. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

22 Jul 2025
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Desde San Lázaro. Está sola. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

La implosión de Morena se debe en buena parte a la falta de liderazgos políticos que aplaquen las revueltas internas; la más visible, la manzana podrida que representa Adán Augusto y que, no obstante, la operación cicatriz que se quiso hacer en el Consejo Nacional extraordinario del partido en el poder, la realidad es que el conflicto ha escalado al nivel de la presidenta Sheinbaum, quien observa como los llamados a la unidad que ha hecho, no han tenido eco en sus revoltosos correligionarios.

Las ausencias de “Andy” y de Ricardo Monreal, pastor de los diputados de Morena, en su evento partidista, dejan entrever el nivel de división que prevalece en ese partido y que, por supuesto, compromete su estela ganadora de las últimas elecciones y lo más grave, les da un camión de oxígeno a los opositores que están reviviendo con las pugnas internas del morenismo.

Se aprecia en los temas políticos más álgidos que la presidenta de la República está sola por los diversos roles que ella misma ha asumido, como por ejemplo, ser vocera del gobierno;  salir al paso de  asuntos que le corresponden resolver  a diversos integrantes de su gabinete o ser la contestaría directa de las acusaciones que se desprenden del gobierno norteamericano, vamos hasta se ha puesto al tú por tú con un abogado de narcotraficantes.

En una evaluación preliminar a nueve meses de su gestión, las cosas no podrían estar peor y no todo es culpa de ella, sino de la herencia maldita que le legó su mentor.

Cada alfombra que levanta o puerta que abre la presidenta,  se encuentran problemas que se gestaron en la pasada administración, sí la de Andrés Manuel López Obrador y como se aprecian las cosas, pasarán varios meses, incluso años, para empezar a ver la luz en el camino en rubros  como la inseguridad pública y el empoderamiento de grupos criminales que mantienen el control en buena parte del país.

Tiene razón Donald Trump, están petrificados ante los criminales y ello, por supuesto, le preocupa de sobremanera porque está en riesgo la seguridad interior de Estados Unidos con el tráfico de fentanilo proveniente de nuestro país.

Decíamos en otra colaboración que, contra lo que piensan varios ingenuos, de que Trump le bajará la presión a su contraparte mexicana, lo cierto es que las trumpadas  seguirá aumentando con sanciones y aranceles y si ahora estamos hablando de sectores productivos de la economía nacional, como el ganadero, tomatero, aviación, industria automotriz y  otras tantas, eso no será nada ante las primeras incursiones de extracción en territorio nacional de capos de la droga y de funcionarios del gobierno federal y estatal.

Cada semana se vierten amenazas desde la Casa Blanca contra el gobierno de la doctora y ésta tan solo esboza  una endeble defensa desde la mañanera, escudándose en el respeto y la prudencia.

La conferencia matutina la pone contra la pared en muchos temas que no tiene conocimiento y que al tratarlos solo deja ver la carencia de información  y la falta de una estrategia real de comunicación que ella o sus colaboradores más cercanos, hayan diseñado.

La estrategia de comunicación social  de Claudia Sheinbaum se la impuso AMLO con replicar las mañaneras para desvirtuar la realidad con mentiras y crear cotidianamente cortinas de humo para distraer a la opinión pública de los problemas más acuciantes por los que transitan los mexicanos, en particular los que viven en la pobreza extrema y marginación. 

La mañanera le sirvió a AMLO para mantener el poder y por eso le ordenó a su sucesora hacer lo mismo, incluso con su operador de “lujo”, Jesús Ramírez, quien además de ser el puente en materia de comunicación entre el tabasqueño y la presidenta, selecciona entre los asistentes a la mañanera para hacer las preguntas que el diseña y redacta.

El resultado es un fracaso total, ya que la narrativa oficial no solo se desmorona ante la cruda realidad, sino que permite ver con toda claridad el talante autoritario y la poca preparación de la mandataria en diversos rubros que requieren apuntes y comentarios especializados.

Al fiel estilo tabasqueño, los secretarios de Estado y directores generales de la CFE y Pemex, por citar tan solo algunos, no pueden salir a los medios de comunicación sin autorización previa para posicionar sus tareas o defenderse de ataques fundados e infundados y con ello, todo se lo dejan a la presidenta.

Sola y con pocos incondicionales  a su lado.

La mayoría de sus subalternos se los impusieron y los liderazgos del oficialismo en el Congreso, responden más a la línea que viene desde Palenque o de sus ansías personales de poder y de quitar del camino a quien les estorbe.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.