Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Aranceles forever o rompimiento. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

14 Jul 2025
189 veces
Desde San Lázaro. Aranceles forever o rompimiento. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com

La presión de la imposición de aranceles que ejerce el presidente Donald Trump a su contraparte mexicana por el tema del tráfico de fentanilo y la lucha contra los cárteles de la droga, será constante y durará meses y tal vez años, mientras la presidenta Sheinbaum no decida perseguir a aquellos personajes de la 4T que están involucrados por los testimonios de testigos protegidos y por la información clasificada que tienen las agencias de inteligencia y de seguridad interior, además de la DEA.

El mandatario norteamericano amenazó este fin de semana a México con imponer un arancel de 30 por ciento a partir del 1 de agosto contra los productos que exporte a Estados Unidos si no “desafía a los cárteles” del narco y detiene el flujo de fentanilo.

Esta nueva amenaza se da en el contexto de las acusaciones del abogado de Ovidio Guzmán, Jeffrey Lichtman a la presidenta mexicana de actuar como “el brazo de relaciones públicas de la organización narcotraficante” de Ismael “el Mayo” Zambada.

Esta grosera declaración ocurrió  después de que el Chapito se declarara culpable de varios cargos y de que Sheinbaum recriminara al gobierno estadounidense  de negociar con terroristas.

Más allá del desafortunado control de daños que lleva a cabo la Titular del Ejecutivo Nacional, al intentar rebatir en Sinaloa de las imputaciones del abogado defensor, en compañía del gobernador Rubén Rocha (quien representa precisamente a esos funcionarios públicos que tienen acusaciones de connivencia con criminales), lo cierto es que, no obstante las negociaciones que hacen varios funcionarios como Marcelo Ebrard para frenar la imposición de aranceles, seguirá la política del garrote arancelario, en tanto, no se actúe  a fondo para combatir a los capos de la droga y  a sus cómplices incrustados en el gobierno mexicano.

Es muy difícil que Trump deje de considerar a México como su piñata favorita, mientras que la presidenta no agarre el toro por los cuernos.

Las  afrentas al gobierno norteamericano no terminan con el tema del combate a los narcoterroristas, sino que va más allá, en  la misma ideología que soporta a la 4T y que está alineada a Cuba y Venezuela y que se traduce en pactos que sangran las finanzas  de México y causan escozor en la Casa Blanca, como el regalo de petróleo a la Isla y el convenio de contratación de médicos cubanos, en donde los menos beneficiados son los galenos.

Los insultos y ataques promovidos por la 4T contra los gringos, amparados en la gentrificación y los llamados a movilizarse contra el imperialismo yanqui, representan esa gasolina que aviva más el fuego de la desconfianza de Trump hacia Sheinbaum.

En este contexto, se explican en buena medida, las trumpadas que a cada rato suelta el magnate inmobiliario contra México, que, por desgracia, dañan severamente  a la economía nacional.

Los intentos presidenciales de atenuar el daño por los aranceles a los productos mexicanos, como, por ejemplo, el Plan México o la diversificación de mercados, son insuficientes para compensar el daño que causa la política del garrotazo de EU.

Hay voces de empresarios que proponen buscar nuevas alianzas estratégicas como con el bloque de países  BRICS,  conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y recientemente ampliado con Egipto, Irán, Etiopía, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, ya que este grupo de naciones se consolida como un eje de poder económico emergente que ya representa una parte significativa de la población y el PIB global, por lo que, en este contexto,  dicen, México tiene ante sí una ventana de oportunidad para diversificar su presencia internacional, reducir su excesiva dependencia con Estados Unidos y reposicionarse como un actor relevante en el Sur Global.

Un mayor acercamiento con los BRICS podría fortalecer a México en varias dimensiones como: abrir nuevos mercados en Asia, África y Europa del Este; acceder a fuentes alternativas de financiamiento a través del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD); y establecer lazos tecnológicos e innovadores en sectores clave como la inteligencia artificial, la biotecnología y las energías renovables; sin embargo, alinearse a este bloque es como rascarle las partes nobles al león ya que este movimiento implica riesgos que irritarían más   a Donald Trump, quien ya amenazó, por cierto,  con mayores castigos e incrementos a los aranceles de los productos originarios  de este bloque comercial.

El reto del gobierno de la doctora es buscar las estrategias para diversificar los mercados sin inquietar a nuestro vecino del norte. Se trata de equilibrar la relación a través de una diplomacia multivectorial: ampliar horizontes sin dividir, y buscar nuevas alianzas sin comprometer las ya existentes con el fin de que haya más posibilidades de relacionamiento comercial  y fortalecer el aparato productivo nacional. Suena bonito e interesante, pero parece más un sueño guajiro o una utopía.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.