Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Banxico manda mensaje al mercado: ‘Estamos cerca de concluir ajustes en la tasa de interés’

30 Mar 2026
193 veces
Banxico manda mensaje al mercado: ‘Estamos cerca de concluir ajustes en la tasa de interés’ Imagen tomada de: https://x.com/Banxico
  • La fortaleza del banco central descansa en su marco de conducción, el diseño institucional, una comunicación clara y un compromiso con el mandato

La gobernadora del Banco de México (Banxico), Victoria Rodríguez Ceja, defendió en entrevista con El Financiero la decisión de bajar la tasa objetivo en 25 puntos base.

Señaló que “al valorar el panorama inflacionario y la evolución de sus determinantes, considero que estamos cercanos a concluir el periodo de ajustes en la tasa de referencia”.

Una parte del mercado anticipaba que Banxico mantendría sin cambio la tasa de interés, ante el repunte de la inflación general de la primera quincena de marzo, que pasó de 3.77 a 4.63 por ciento entre enero y ese período.

Rodríguez Ceja fue directa al desestimar ese dato como detonante de política, ya que el incremento fue ocasionado en su totalidad por la volatilidad en los precios de frutas y verduras, componente sobre el que la política monetaria no tiene incidencia.

“Se trata de incrementos de precios de naturaleza transitoria que, aunque afectan nuestras cifras inflacionarias, igualmente tendrán un efecto a la baja sobre la inflación cuando disminuyan al restablecerse sus condiciones de oferta”, afirmó. Anticipó que esa normalización ocurrirá próximamente.

En contraste, señaló que la inflación subyacente se mantuvo prácticamente estable, al pasar de 4.47 a 4.46 por ciento entre la primera quincena de enero y la primera de marzo. Además, su variación mensual ajustada por estacionalidad y anualizada descendió de 6.35 por ciento en enero —cuando entraron en vigor los ajustes fiscales de inicio de año— a 3.82 por ciento en la primera quincena de marzo.

Para la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja, ello confirma que el efecto de las modificaciones tributarias fue acotado y no hubo efectos de segundo orden.

Este comportamiento, sumado a las condiciones de holgura en la economía y al tipo de cambio como mecanismo de absorción de choques, respaldó la decisión de continuar el ciclo de recortes.

El entorno externo añadió complejidad al análisis. El escalamiento del conflicto en el Medio Oriente y el cierre del Estrecho de Ormuz han presionado los precios internacionales de energéticos y materias primas. Sin embargo, la gobernadora precisó que en México el impacto sobre los precios al consumidor ha sido hasta ahora muy limitado.

Con información de: https://www.elfinanciero.com.mx/

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.