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Gobierno de Coahuila fortalece el desarrollo cultural con nuevas convocatorias

28 Abr 2026
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Gobierno de Coahuila fortalece el desarrollo cultural con nuevas convocatorias Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/

Con el propósito de ampliar las oportunidades de desarrollo artístico y cultural en todas las regiones del estado, el Gobierno del Estado de Coahuila, a través de la Secretaría de Cultura estatal, en coordinación con la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través de la Dirección General de Vinculación Cultural, lanzó tres importantes convocatorias que forman parte del Programa de Apoyos a la Cultura en su vertiente Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura (AIEC) 2026, orientadas al impulso de la creación comunitaria, la preservación de saberes tradicionales y el fortalecimiento del sector audiovisual en la entidad.

 

Entre ellas destaca la convocatoria “Un Viaje a la Luna”, que busca fortalecer el tejido social mediante proyectos artístico-formativos comunitarios dirigidos a niñas, niños y adolescentes en localidades con menos de 10 mil habitantes, promoviendo la creatividad, la participación activa, la identidad cultural y el acceso equitativo a bienes y servicios culturales.

 

Asimismo, la convocatoria “Red Estatal de Saberes Artesanales” tiene como objetivo preservar y transmitir los conocimientos, oficios y técnicas tradicionales que forman parte del patrimonio cultural vivo de Coahuila, a través de talleres de iniciación artesanal impartidos por maestras y maestros artesanos en distintas disciplinas y expresiones propias de la identidad regional.

 

A estas acciones se suma “Fotogramas 2026”, convocatoria enfocada en el impulso a la producción cinematográfica local, dirigida a creadoras y creadores audiovisuales coahuilenses en las categorías de Creador/a con Trayectoria y Talento Emergente, con estímulos económicos que permitirán fortalecer proyectos de cortometraje en los géneros documental y ficción, consolidando así nuevas voces y propuestas dentro del panorama audiovisual del estado.

 

La secretaria de Cultura, Esther Quintana Salinas, destacó el alcance de estas iniciativas: “En Coahuila entendemos a la cultura como una fuerza transformadora que une comunidades, preserva nuestra memoria colectiva y abre caminos para nuevas expresiones creativas. Estas convocatorias representan una apuesta decidida por el talento de nuestra gente, por nuestras tradiciones y por el desarrollo cultural como una vía para construir una sociedad más participativa, sensible y con mayores oportunidades para todas y todos”, expresó.

 

Asimismo, la funcionaria reconoció el respaldo permanente del gobernador Manolo Jiménez Salinas, cuyo compromiso con la cultura ha sido fundamental para consolidar políticas públicas que fortalecen la creación artística, el acceso a la cultura y la preservación del patrimonio cultural de Coahuila, impulsando acciones que hoy permiten ampliar horizontes para creadoras, creadores, artesanas, artesanos y promotores culturales de todas las regiones del estado.

 

Para mayor información y consulta de las bases completas, las y los interesados pueden visitar: www.coahuilacultura.gob.mx/convocatorias.

 

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.